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Diario YA


 

Vivencias espirituales de Medjugorje

Sobre todas las cosas

Javier Paredes

A aquel buen hombre se salía la ansiedad por los ojos, mientras recorría con su mirada desconcertada la antesala del doctor. Estaba esperando a que le recibiera el psiquiatra, porque le había llevado allí a la fuerza su familia. Cuando ya se quedó a solas con el médico se tranquilizó, se sinceró y le dijo:

-Yo estoy normal… Ya ve, me han traído aquí mi mujer y mis hijos, sólo porque me gusta la tortilla de patatas.

-Le alabo el gusto –respondió el galeno- a mí también me gusta mucho la tortilla de patatas.

-¡No me diga! –exclamó el paciente, abriendo unos ojos como platos- Pues venga usted a mi casa, que tengo armarios y armarios llenos…

Pues esto es lo que acaba sucediendo, cuando perdemos nuestro sitio y no nos situamos en el lugar que nos corresponde, en el que nos ha asignado Dios en su plan de Creación. El Creador ha establecido que nos coloquemos por encima de las cosas para que las dominemos, de manera que nos sirvan de instrumento para alcanzar nuestro objetivo, que no es otro que el Dios mismo. Porque cuando nos colocamos servilmente debajo de las cosas y las anteponemos a Dios, su sinrazón nos acaba aplastando como al partidario de la tortilla de patatas. Y no se puede expresar mejor este pensamiento que como la hace la Virgen en mensaje de Medjugorje del mes de mayo: “En el amor hacia mi Corazón Inmaculado, amad a Dios sobre todas las cosas y vivid sus Mandamientos. Así vuestra vida tendrá sentido y la paz reinará en la Tierra” (www.centromedjugorje.com)

Cuando despojamos a las cosas de su sentido; es decir, cuando arrancamos a las cosas su instrumentalidad y las erigimos como fines en sí mismas, volvemos a inventar la idolatría. Y desde luego que vista desde fuera y con objetividad, la idolatría, además de un gravísimo pecado, es una actitud de lo más ridículo y grotesco. Porque coleccionar por coleccionar es tan chusco hacerlo con las tortillas en los armarios como con los millones en los bancos. Al fin y al cabo, las tortillas como los euros, como el resto de la creación a nos sirven para amar a Dios o nos estorban.

Y esto que es tan claro como el sol que nos alumbra y que resulta muy difícil de rebatir en su teoría, porque al menos yo todavía no me he encontrado a nadie que me defienda que el fin de nuestra vida sea llenar armarios y armarios de tortilla de patatas… Pues bien, esto que es tan sencillo en la teoría, en la práctica es complicadísimo por culpa del pecado original, porque a poco que nos descuidemos tendemos a idolatrar a las cosas.

En consecuencia, no queda otra que estar vigilantes, no hay más remedio que ponerse en forma para evitar que las cosas se nos suban a la espalda. Y por lo tanto hay que rezar con el alma, pero también hay que hacerlo con el cuerpo. Es más, para evitar el peligro de caer en idolatría es imprescindible rezar con el cuerpo. Y una de las más maneras más eficaces de rezar con el cuerpo es ayunar. La Virgen ha pedido en Medjugorje que se ayune a pan y agua los miércoles y los viernes. Y esto es de tal importancia que habrá que dedicar algún artículo en exclusiva al ayuno en los próximos días.

Pero para concluir, por hoy, voy a transcribir un  párrafo del padre Slavko Barbaric, autor de un librito sobre el ayuno: “En primer lugar, María nos invita a orar y ayunar. Por medio de la oración, nos adherimos a Dios y por medio del ayuno, desprendemos nuestro corazón de las cosas que nos atan a las preocupaciones de este mundo. El ayuno es una llamada a la oración dirigida a nuestro cuerpo. En otras palabras, es el proceso por el cual  nos hacemos libres e independientes de las cosas materiales. Y al liberarnos de las cosas externas a nosotros, nos liberamos también de las pasiones dentro de nosotros que encadenan nuestra vida interior. Esta nueva libertad en nuestro cuerpo dará lugar a nuevos valores. Por eso, el ayuno nos libera de ciertas ataduras y nos da la libertad para gozar la felicidad” (pág. 21)