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La tregua entre Israel y Hamás devuelve la esperanza a Oriente Próximo

'Tahadiyeh' (tregua) es el término árabe elegido para designar el estado actual de la situación actual en el conflicto israelo palestino. Los israelíes lo llaman 'Regi'ah' (calma). Pero en cualquier caso, sus respectivos significados no comienzan siquiera a definir las extrañas circunstancias que rodean su puesta en marcha y sus condiciones, por las que Hamás e Israel han pactado un alto el fuego en virtud del cual el Gobierno de Tel Aviv ha suspendido sus operaciones militares en Gaza a cambio del cese de los ataques con cohetes emprendidos por las milicias encabezadas por el brazo armado del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás) desde la Franja contra el sur de Israel.

   La 'Tahadiyeh' es un fenómeno extraño. Ambas partes no han negociado directamente, sino que se trata de un acuerdo medidado por Egipto, y que nunca se ha terminado de concretar en un documento conjunto, físico. Es un pacto tácito entre Hamás e Israel, un compromiso sin precedentes entre ambas partes, que insisten a día de hoy en que esta tregua ha tenido lugar sin negociación previa porque, desde sus respectivos puntos de vista, no se puede negociar con alguien al que no se reconoce oficialmente. Eso sí, sus deseos de destrucción mutua siguen en pie. Sin embargo, las concesiones entre ambas partes han sido importantes, y respectivamente, amargas.

   Hamás fue el primero en solicitar la tregua. Principalmente por el acoso israelí contra su Gobierno de facto en Gaza, que recientemente cumplió su primer aniversario tras la toma de poder efectuada el pasado verano contra las fuerzas de la Autoridad Palestina del presidente Mahmud Abbas.

   Con la "firma" de este acuerdo, Hamás reconoce la superioridad del armamento israelí, no sólo aceptando el fin de su ofensiva contra el sur de Israel, sino ampliando el alto el fuego a Cisjordania --sede del Gobierno de la AP-- al menos durante los seis primeros meses del acuerdo, antes de comenzar con la segunda fase del proceso, en el que se estudiará la posible apertura del paso de Rafá, entre Gaza y Egipto, para que las decenas de miles de gazacíes afectados por la presión ejercida por el bloqueo israelí sobre la zona puedan obtener bienes de primera necesidad, escapando de una situación crítica, desde un punto de vista humanitario.

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