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Iraníes a la sombra: Cristianos para un diálogo

José Luis Orella. 16 de junioLas elecciones presidenciales en Irán han mostrado la demanda de cambio en los sectores altos de las ciudades, aunque con una mayoría popular de las provincias que quiere mantener el orgullo de la línea dura del actual presidente. Sin embargo, la imagen de la República Iraní se identifica con la mayoría chiíta, más de un 80 % de la población total. La única potencia islámica que no responde a la obediencia oficial suníta y que rivaliza con Arabia Saudita. En la actualidad, Irán intenta ejercer de potencia regional frente al debilitamiento de los EEUU en la región. Su apoyo a Hezbollah, Hamas y a la resistencia cchiíta iraquí ayudan a posicionar a Irán como un elemento importante a tener en cuenta. Nunca será una amenaza para occidente como divulgan algunos, por no disponer del suficiente eco en el mundo islámico. No obstante, para construir la paz en Oriente Medio resultan imprescindibles. Para construir ese puente con Irán, existen iraníes en la sombra, olvidados por el occidente secular, que resultan preciosos por su conocimiento del país, son los cristianos de Irán. 
 
Cuando la república islámica de Irán se estableció en 1979, constituyéndose como el primer Estado islámico de los chiítas. Sin embargo, el país heredero de los persas, ha mantenido una fuerte rivalidad con sus vecinos árabes y turcos, y mantiene como peculiaridad nacional la oficialidad islámica chiíta. Mientras el resto de los países islámicos son sunítas.

En cuanto a las minorías cristianas del país, la industria petrolífera abrió las fronteras a una amplia colonia de extranjeros que sumaban 360.000 personas en la época del Sha, los cuales se redujeron a 13.000 católicos romanos autóctonos, un año después de la revolución de Jomeini. En la actualidad, los cristianos iraníes pertenecen a las iglesias autóctonas persas, especialmente a dos comunidades, la armenia y la caldea. La república islámica heredó del Sha Palhevi, la representación de las minorías religiosas anteriores a la islamización. Por tanto, zoroástricos, judíos, caldeos y armenios cuentan, como comunidades históricas, con una representación fija en el parlamento de Teherán. En la actualidad, todos tienen un escaño, excepto los armenios que disponen de dos. La presencia armenia proviene de hace unos cinco siglos, cuando perseguidos por los turcos se refugiaron en Persia, y la necesidad de artesanos del país les ayudó a crear un nuevo hogar. Este es el origen de las comunidades armenias de Tabriz (noroeste) y de Ispahán (suroeste) que suman unas 100.000 personas y se mantienen fieles a la Iglesia Gregoriana de Armenia. La relación entre armenios y persas es buena, debido a la ancestral rivalidad turca y armenia. Turquía e Irán han mantenido diferencias fronterizas desde sus épocas imperiales, otomana y sefévida. En la actualidad, la exrepública soviética de Azerbaidjan, musulmana y turca, es un país próximo a Turquía, e Irán contiene una importante minoría azerí en su parte noroeste. Esta rivalidad entre turcos-azeríes y persas, hace que el régimen islámico apoye a los armenios, como aliados ocasionales en la zona. En estas elecciones presidenciales, el candidato reformista Mussavi, reunió gran parte de sus apoyos de los azeríes iraníes, al hablarles en turco en su mitin de Tabriz.

En el caso de los caldeos, son católicos que mantienen su propia liturgia y hablan el arameo. Los caldeos son los antiguos nestorianos, que separados de la Iglesia Católica, volvieron a la comunión con el Papa, manteniendo la peculiaridad de su liturgia. Se encuentran en las montañas del noroeste, y son descendientes de los mongoles de Hulagú, nieto de Gengis Khan, quien se convirtió a la versión nestoriana del cristianismo. En la actualidad son unos 20.000 católicos caldeos y en 1999 enterraron al arzobispo de Teheran, que era el último sacerdote caldeo iraní. La comunidad católica caldea mantiene su identidad al ser pastoreada por sacerdotes de su culto, provenientes del vecino Iraq, situación que provoca muchas dificultades. Como la desconfianza de las autoridades iraníes a un clero originario de un país, hasta hace poco hostil, y a la actual situación de guerra interna sufrida en Iraq, que puede secar la afluencia de sacerdotes al necesitado Irán.

El resto de la cristiandad, son otros 20.000 cristianos, que se reparten entre católicos latinos y protestantes, especialmente anglicanos, entre los cuales hay que incluir unos 2.300 conversos del Islam, que viven en las catacumbas. Estos convertidos, lo son desde los tiempos de la monarquía de los Pahlevi, un periodo más abierto que el actual, donde la conversión al cristianismo no contraía la seguridad de ser asesinado. En la actualidad, los cristianos iraníes ya no acceden a cargos directivos en el ejército o en la diplomacia, donde eran numerosos. Los miembros de las minorías solían ser muy apreciados por las empresas extranjeras por su dominio de diferentes lenguas. Ahora, los cristianos han perdido esa fuerte presencia que tenían y los negocios vinculados al alcohol (cultivo de viñas y posesión de bares) han desaparecido. Sin embargo, gozan de una libertad que no tienen en las monarquías sunítas del petróleo. Los armenios y caldeos no son atacados, han perdido influencia social, pero no sufren un ambiente tan negro como en el resto del orbe musulmán, donde el primer objetivo del islamismo rigorista suníta es la extirpación progresiva de los cristianos orientales. Su situación no es de igualdad, pero su pervivencia ayuda al régimen islámico a vender una imagen de respeto a los otros iraníes.

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