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" dar al harb ", casa de la guerra o zona a conquistar y " dar al islam ", casa del islam o zona bajo el Estado Islámico

Geopolítica del Islam y Estado Islámico: Razón de Ser

Daniel Ponce Alegre. Teólogo y Antropólogo. Delegado en Levante de Diplomacia S.XXI. Los Fundadores del primer Estado Islámico, desde el mismo momento del primer sucesor de Mahoma, dividían el mundo en dos zonas: " dar al harb ", casa de la guerra o zona a conquistar y " dar al islam ", casa del islam o zona bajo el Estado Islámico.
Los infieles o Kuffar podían ser incluidos en  " dar al islam "  bajo el régimen del Califato, en cuyo caso su destino dependía de la sharia o ley islámica basada en el Corán y los dichos y tradiciones de Mahoma y sus sucesores o " al Salaf ", así como del lider de los creyentes de turno.
Desde tiempos del califa Omar, primer sucesor, se confería un estatus especial a los cristianos y a los judios que quedaban supeditados al nuevo régimen, y según los documentos del Estado Islámico la relación con ellos dependía de la voluntad de los dirigentes musulmanes.
Los cristianos y judíos eran un claro objetivo cuando el equilibrio del poder permitía reanudar la fatah o conquista como medio para hacer la yihad y cuando el Califato así lo decidía.
El destino de dar al harb, área a conquistar, estaba vinculado totalmente a la capacidad del Califato para hacer la yihad, continuar la conquista y que no existieran más kuffar o infieles que como hemos visto tenían la posibilidad momentánea de existir en el Califato pero con el horizonte de la conversión, pues para ello estaban establecidas las estructuras y disposiciones o reglamentos jurídico-administrativos del Califato, como así se puede observar tras la lectura y análisis de los textos de la época.
Así se explica que ideólogos del S. XX, como Sayyid Qutb en los años 50 y Sheij Yussef Al Qardaui unos años antes de los atentados del 11S de 2001, informasen a sus seguidores de que la decisión de penetrar en dar al harb depende de la voluntad del máximo dirigente desde tiempos de los  " al salaf " o sucesores de Mahoma.
De modo que el paso de más de un millar de años no derogó el derecho de conquistar el otro lado, sino que lo reafirmó, y con ese derecho por supuesto también el derecho y deber de la conquista  " al fatah "  de los infieles o kuffar, su conversión, anulación como creyentes o su desaparición, pues así lo exige  " el espíritu " del Islam, mientras que en la tradición judeocristiana la conquista se deja a Dios, Jahvé o Jehová, y a su Hijo, " Jesús o Isa en árabe ", el Mesías " al-Masih " o Cristo, Ungido para reinar por siempre...  
" hasta que todo quede sujeto al Padre " como dijo el Apóstol Pablo en su Primera Carta a los Corintios, en el Capítulo 15.
Ven, Señor Jesús.

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