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Diario YA


 

LA MÍSTICA CIUDAD DE DIOS: SOR MARIA DE JESÚS DE AGREDA

 

             “Esta divina Historia, como en toda ella queda repetido, dejo escrita por la obediencia de mis prelados y confesores que gobiernan mi alma, asegurándome por este medio ser voluntad de Dios que la escribiese y que obedeciese a su beatísima Madre, que por muchos años me lo ha mandado. Y aunque toda la he puesto a la censura y juicio de mis confesores, sin hablar palabra que no la hayan visto y confiado conmigo, con todo eso la sujeto de nuevo a su mejor sentir y sobre todo a la enmienda y corrección de la Santa Iglesia Católica Romana, cuya censura y enseñanza, como hija suya, protesto estoy segura, para creer y tener solo aquello que la misma Santa iglesia nuestra madre aprobare y creyere y para reprobar lo que reprobare, porque en esta obediencia quiero vivir y morir. Amen”  (Libro VIII. Capítulo  14, Confesión de alabanza y acción de gracias..)

 
“Porque ¿quien podrá escribir lo que a las almas amorosas donde él mora (el Espíritu Santo) Hace entender? Y ¿quién podrá manifestar con palabras lo que les hace sentir? Y ¿Quién finalmente lo que les hace desear?. Cierto, nadie puede, ni ellas mismas por quienes pasan lo pueden. Porque esta es la causa por la que con figuras, símiles y semejanzas, antes rebosan algo  de lo que sienten y de la abundancia del espíritu vierten secretos misterios, que con razones de declaran. Las cuales semejanzas no leídas con la sencillez de espíritu de amor y de inteligencia que ellas llevan más parecen dislates, que dichos puestos en razón (...)” ( San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual , Prologo 1),      

 

Tratar de la intensa y extensa obra literaria de Sor María de Jesús de Agreda, es centrarse en su magna obra La Mística Ciudad de Dios. Obra polémica que ha otorgado  a su autora una extraordinaria proyección universal, tanto a favor como en contra. Obra que ha sido objeto de prohibiciones y anatemas, incluso dentro de la Iglesia Católica, lo que ha provocado, que el proceso de beatificación de esta singular mujer, haya sido ocultado y duerma, nunca mejor dicho, el sueño de los justos. Esta obra singular ha sido tema no solo de exigentes estudios puramente literarios, relacionados con su  género y finalidad, sino de graves y tendenciosos análisis teológicos dogmáticos. No faltan quienes con una autosuficiencia sospechosa  han afirmado que se trata de una ficción descontrolada, fruto de una mente  próxima al quietismo de iluminados barrocos, que no merecería la pena ningún análisis coherente. Para la Critica literaria racionalista que sostiene sin mas fundamento que la sospecha, frente a todo que no sea puro positivismo controlable experimentable en los laboratorios lingüísticos del neopositivismo lógico, La Mística Ciudad de Dios sería lo que San Juan de la Cruz llama dislate, es decir, algo absurdo y sin sentido de lo que no se puede ni debe hablar y se debe callar. No faltan los que detestan esta obra maestra de la mística experimental con el pretexto de que se trata de una obra escrita por una monja encerrada en un convento barroco, sito en un lugar de la España profunda, castellana e inquisitorial, según los tópicos de la  leyenda negra  más cutre cuanto más ignorante. Y para más despropósito sería  obra de una monja sin ninguna preparación reglada, oficial y universitaria. Pero resulta más llamativo que una monja sin las capacidades que ellos- críticos sagaces- se dan a sí mismos y niegan a los demás, haya escrito una obra tan singular. Por eso resultan un poco llamativas las afirmaciones de un autor  como JL. Alborg cuando   sostiene: “La Mística Ciudad de Dios, es una extraña obra que junta en forma de novela realista la novela y libro de devoción, la leyenda piadosa y la falsa historia, la verdad bíblica y la fantasía mística- matiza este juicio, afirmando-no debe suponerse, sin embargo, nacida de ningún propósito de impostura”

La Mística Ciudad de Dios desde el mismo momento de su aparición fue vista como un peligro latente. Llegó a tanto este rechazo que a  los pocos años  de ser escrita 1637, la misma autora la destruyó por miedo a la Inquisición. Se prestó a toda clase de malos entendidos empezando por el mismo título. Según la costumbre de la época barroca del siglo XVII, los autores en  afán de captar la benevolencia de los posibles lectores  solían poner a sus obras títulos ampulosos y llamativos, en los que se presentaba una especie de sinopsis del contenido del libro en cuestión. Esto se ve perfectamente en la obra de Sor María de Jesús, que dice así: “Mística Ciudad de Dios. Vida de María. Milagros de Nuestra Señora, María Santísima, Restauradora de la culpa de Eva. Medianera de la gracia. Dictada y manifestada en estos siglos por la misma  Señora a su esclava Sor Maria  de Jesus. Abadesa indigna de este convento de la Inmaculada Concepción e la Villa de Ágreda. Para la nueva luz del mundo. Alegría de la Iglesia Católica y confianza de los mortales”

 

En este título queda resumido todo lo tratado en la obra que no son sino los dogmas marianos que la Doctrina Católica ha ido confirmando como de Fe Revelada  en la Sagradas Escrituras. No se trata, sin embargo de un tratado de Mariología, como los que  imparten en la Facultades de la Iglesia Católica. Menos aún es una exégesis bíblica de los textos citados, tanto del Antiguo como del  Nuevo Testamento. Tampoco es una biografía literaria convencional según los esquemas de la literatura entendida como ficción o según modelos de películas o series televisivas tan de moda, Y donde se banaliza y se blasfema lo más sagrado. Ni se trata de una historia convencional  de las apariciones marianas, como pueden ser las de Aparecida (Brasil), Nuestra Señora de Guadalupe México, Lourdes (Francia) Fátima ( Portugal) a los más recientes de Medjugorje (Croacia). Una cuestión curiosa y propia de los analistas de las obras literarias es la cuestión del género o clasificación de la misma. En el caso de La Mística Ciudad de Dios, esta cuestión es poco pertinente y no aporta nada especial porque  se sirve tanto de los  elementos narrativos, descriptivos  y dialogales con total libertad y función de la finalidad de la obra, que no es otra sino que los destinatarios del mensaje descubran amen y reverencien a Nuestra Señora, simbolizada en la Mística Ciudad de Dios. Más importante es la cuestión de los niveles de la lengua que aparecen en ella  y en este sentido Sor Maria de Jesús de Agreda, es  una de las escritoras más brillantes de la literatura española, alejada de los modelos conceptistas y culteranismos, se sirve de los modelos de la retórica clásica eclesiástica agustiniana y sus tres  modos de decir: llano, moderado y sublime, con la finalidad de persuadir y fomentar  devoción a Nuestras Señora,  así como la imitación de sus virtudes. Es evidente que Sor Maria  de Jesús no tienen preocupaciones retóricas formales, pero su escritura deleita y mueve. Ella es consciente de la importancia de este extenso e intenso tratado de Mariologia- no académica- que es la Mística Ciudad de Dios por eso escribe al final del mismo:” Acabé de escribir esta divina Historia y Vida de María Santísima la segunda vez a seis de mayo  de mil seiscientos y sesenta, día de la Ascensión de Cristo. Suplico a las religiosas de esta comunidad no consientan que les falte este original del convento; y que si fuere necesario para el examen y la censura, den un traslado; y si le pidieren para concordar el traslado con el original, no le den sino de libro en libro, volviendo a recobrar cada uno, para evitar muchos inconvenientes y por ser voluntad de Dios y de la Reina del Cielo.

Un capítulo de esta singular obra La Mística ciudad de Dios, presenta una estructura formal convencional. Así por ejemplo el Capitulo 28  del Libro VI en el que se trata de la Resurrección de Cristo y sus apariciones lleva por título: “Algunos ocultos y divinos misterios que a María Santísima sucedieron después de la resurrección del Señor y cómo se le dio título de Madre y Reina de la  Iglesia y el apercibimiento de Cristo antes y para la Ascensión”. Suelen con concluir con un apartado final en donde expone: Doctrina que me   dio la Reino del Cielo  María Santísima.

 
Fidel Gracia Martinez Doctor  Filología Románcia Catedrático Lengua Literatura