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Francisco María López Melús: Exégeta y erudito en las Sagradas Escrituras

Daniel Ponce Alegre. Ex miembro de la Curia Valentina. El pasado día 10 de septiembre falleció el sacerdote diocesano, nacido el 26 de diciembre de 1922 en la localidad aragonesa de Viver de la Sierra, Francisco María López Melús.

En 1934, con 11 años de edad, ingresó en el Seminario de Tarazona y tras finalizar sus estudios teológicos fundamentales fue ordenado Sacerdote en Calahorra ( Rioja ), en 1946.

Su primer destino tras su Ordenación fue su pueblo natal pero López Melús era un eminente estudioso de las Sagradas Escrituras y un predicador infatigable, es decir, un exégeta y apologeta como lo eran los cristianos de los primeros siglos, con gran fe y vigor como también lo fueron Profetas como Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel.

Publicó varios libros sobre el tema con los que yo he podido disfrutar, no sólo intelectualmente, profundizando mi fe y amor por La Palabra de Dios, sino por la amenidad de su lectura.

Además impartió varios cursillos y clases sobre las Escrituras y fundó varias escuelas bíblicas.

Durante años ocupó la Cátedra de Sagrada Escritura del Seminario Metropolitano, habiendo transmitido el amor a la Biblia a muchas generaciones de Sacerdotes.

Tras dos años como Capellán Militar en Zaragoza, fue destinado a la localidad de Alfaro, donde estuvo hasta 1950, año en que se traslada a Roma para especializarse en el estudio de la Sagrada Escritura.

Obtenida la Licenciatura fue destinado a Calatayud y en 1956 nombrado profesor de Griego Bíblico del Seminario de Tarazona.

Nombrado Canónigo del Santo Sepulcro regresa a Calatayud, y en 1961 regresa de nuevo a Roma para doctorarse en Nuevo testamento o, como le gustaba decir a él, Nueva Alianza, pues la Alianza conlleva implícito el Acuerdo o unión entre dos, Dios y la Humanidad, que fue sellada con la sangre preciosa y valiosísima de nuestro Señor Jesucristo, perfecto como lo fue Adán y como lo seremos nosotros por su mediación.

En 1963, tras ser nombrado Canónigo Lectoral del Pilar y de la Seo, fija su residencia definitiva en Zaragoza, donde continúa su actividad como biblista, profesor, fundador de escuelas bíblicas, director de ejercicios espirituales y guía de peregrinos a Tierra Santa.

Además de sus libros ha colaborado en la Enciclopedia de la Biblia y en varios Diccionarios de Espiritualidad Bíblica, así como en revistas de divulgación bíblica, tanto españolas como extranjeras, principalmente alemanas.

En definitiva, ha muerto un hombre, un sacerdote, un  hermano nuestro en Cristo que sentía que la Palabra de Dios para él era como miel para su paladar y como un fuego abrasador que le quemaba por dentro y le obligaba a contar lo que iba apreniendo.

D. Francisco tenía claro, como escribe San Pablo, que " la Palabra de Dios es viva y ejerce poder y es más aguda que una espada de doble filo y discierne pensamientos e intenciones del corazón. Y que la Vida Eterna está en adquirir conocimiento de Dios y de su Hijo Jesucristo a través de toda la Escritura pues ésta es inspirada por Dios".

Muchas gracias a Dios por hombres como D. Francisco que han enseñado el amor a la Escritura.

 

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