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¿Cuál era la fuerza propulsora de su vida?

Carlos Marx, su asistenta y el hijo que estaba obligado a ver a su madre solo en la cocina

Javier Paredes. El protagonista del día es Carlos Marx, que falleció en Londres el 14 de marzo de 1883. Marx que se empeñaba en presentar sus teorías como científicas, en realidad no tenía ningún interés por descubrir la verdad, lo que sentía era pasión por proclamar sus verdades. Si Marx, a pesar de su apariencia académica, no estaba motivado por el amor a la verdad ¿Cuál era la fuerza propulsora de su vida? Pues su personalidad, “relacionada con estos cuatro aspectos fundamentales de su carácter: el gusto por la violencia, el apetito por el poder, la incapacidad para administrar el dinero y, por encima de todo, su tendencia a explotar a aquellos que le rodeaban. Así analiza Paul Johnoson la biografío de Marx en su libro Intelectuales, uno de las publicaciones más importantes que yo he leído, en la que Paul Johnson con una agudeza y riqueza de datos increíble descubre la incoherencia con las que vivieron los forjadores del mundo contemporáneo, como Rousseau, Marx, Bertrand Russell, Jean-Paul Sartre y otros.

 Como homenaje al protagonista del día, vamos a transcribir un párrafo de la biografía que hace Paul Johnson en el citado libro: “En todas sus investigaciones de los capitalistas británicos, halló numerosos ejemplos de trabajadores mal pagados, pero nunca logró dar con uno que no recibiera salario alguno. No obstante, aquel trabajador existía, y vivía en su propio domicilio. Cuando Marx paseaba con su familia los domingos soleados, una rechoncha figura femenina avanzaba tras ellos, acarreando la cesta del picnic y otros objetos. Se trataba de Helen Demuth, conocida en la familia como <<Lenchen>>. Había nacido en 1823 en el seno de una familia campesina y había empezado a trabajar para los Von Westphalen a los ocho años como niñera. En 1845, la baronesa sentía pesar y preocupación por la situación de su hija, por lo que entregó a Lenchen, quien por entonces contaba con 22 años, a Jenny Marx para aliviar sus ocupaciones.

 Permaneció en la familia Marx hasta su muerte, en 1890. Era una mujer muy trabajadora y no solo cocinaba y fregaba, sino que también administraba el presupuesto familiar, pues Jenny se mostraba incapaz de hacerlo. Marx jamás la pagó un penique. En 1849-50, durante el período más oscuro de la existencia familiar, Lenchen se convirtió en la amante de Marx y dio a luz a un niño […] El hijo de Lenchen nació en el piso del Soho, el 28 de Dean Street, el 23 de junio de 1851. Fue un niño, inscrito con el nombre de Henry Frederick Demuth. Marx se  negó a reconocer su responsabilidad, entonces y siempre, negando completamente los rumores de paternidad. Puede que deseara hacer como Rousseau y meter al niño en un orfanato, o entregarlo definitivamente en adopción. Sin embargo, la amante de Marx tenía un carácter más fuerte que la de Rousseau. Insistió en reconocer al niño ella sola. Lo entregaron a una familia adoptiva de clase trabajadora pero le permitieron visitar la casa de los Marx. Se le prohibió, no obstante, utilizar la puerta principal y estaba obligado a ver a su madre solo en la cocina”.
 

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