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Diario YA


 

"Vae Victis", por Ricardo Ruiz de la Serna

Ricardo Ruiz de la Serna. 5 de Noviembre.

Cantar el éxito del joven Barack Obama es fácil. Contra todo pronóstico, fue escalando posiciones políticas y venciendo por igual rivales y prejuicios. Cuando cayó Hillary con su poderosa maquinaria de recaudar, el Senador Obama no cabía en sí de gozo y se le salía por las costuras del traje. Es cierto que cuando a uno le apoya Bruce Springsteen, Sarah Jessica Parker y las celebridades mediáticas el camino se allana, pero reconozcamos que con él sonríe un futuro esperanzado que inspira todas sus promesas. Los Estados Unidos siguen dando lecciones al mundo. Hablar de Dios en su vida pública es tan habitual como los donuts o la Superbowl. El político por quien nadie daba un duro hace algo más de un año ha construido un bellísimo discurso sobre la reconciliación, la unidad, la paz, el futuro, los niños y el gran sueño americano, que sigue vivo. La crisis económica, la herencia de Bush sobre su rival republicano y una campaña formidable han contribuido a que haya cambiado la Historia. Hace algo más de cincuenta años, los negros no podían sentarse junto a los blancos. Hace apenas cuarenta años, Martin Luther King fue asesinado por querer el cambio. Hoy los estadounidenses han elegido a un joven negro para gobernar la ciudad que brilla sobre la colina. Sin embargo, ya les digo, cualquiera elogia al vencedor. Recordemos, pues, al vencido y honremos su esfuerzo. Decía Borges que las causas más dignas que debe defender un caballero son las causas perdidas. Hablemos, pues, de John McCain.

Cuentan que el año 390 A.C., el caudillo Breno, sitiador victorioso de Roma, accedió a alzar el sitio a cambio de un rescate pactado: mil libras romanas en oro (unos 327 kilos).Cuando los romanos notaron que los galos habían trucado la balanza, se quejaron ante Breno, que puso su espada en la balanza mientras exclamaba Vae victis! ¡Ay de los vencidos! Ayer, John McCain se presentó ante los ciudadanos para hacer algo muy difícil: reconocerse derrotado. A diferencia de Obama, el viejo veterano de guerra había visto ya muchas cosas cuando decidió presentarse como candidato. Conoció el miedo y la derrota en Vietnam; conoció el dolor y la siniestra hospitalidad del Vietcong; y vivió para contarlo. Es cierto: él no podía alzar el brazo para saludar a la multitud ni tiene la sonrisa deslumbrante y luminosa. John McCain no es guapo y está divorciado. No obstante, quiso ser Presidente. Como el heredero de un noble venido a menos, heredó deudas de Bush que nunca quiso contraer y no las ha podido dejar a beneficio de inventario: la opinión pública no perdona. A medida que pasaron los meses, los republicanos fueron retirándole su apoyo: desde hacía algo más de mes y medio, olía a crisantemos. Sin embargo, este tipo de setenta años, no muy alto, insistía en intentarlo. He aquí su grandeza: a un mundo donde la juventud es un valor absoluto; donde el guapo siempre gana y se lleva a la chica en el cochazo; llegó un viejito con más mili que el cabo Machichaco y setenta y dos años a cuestas para decirles a todos que él no se rendía. Y ahí estuvo el Senador, hablando de seguridad y de libertad; hablando de los valores republicanos y de honor. Como los buenos toreros, saben poner al público en pie con la taleguilla rota y descalzos. Creo que, si fuera matador, Mc Cain le pondría las femorales  al toro como Castella. Este Mc Cain debe de tener algún antepasado español porque este afán suicida me recuerda a la patria. Triste, denotando en el gesto la rabia de quien pudo haber ganado y ha perdido, Mc Cain ha admitido que el joven abogado de Chicago le ha vencido. ¿Se equivocó MC Cain? Seguramente no escogió buenos compañeros de viaje (¿cómo hubiera ido con Liebermann de Vicepresidente?). Es fácil predecir el pasado. Ahora, los estadounidenses quieren mirar hacia el futuro.

Hay muchas lecciones que aprende de esta campaña y de este país. Por ejemplo, que se puede hacer política hablando de valores y no sólo de gestión y que los ciudadanos, cuando se comprometen en la vida política y en las campañas, pueden hacer muchísimo. Los dos candidatos hablaron de libertad, de paz, de futuro, de los pobres y la vida, de nosotros. Los dos tenían algo de mesiánico en unos discursos. Hace algo más de trescientos años, un grupo de hombres afirmaron que había unas verdades evidentes: que todos los hombres nacían libres e iguales y que estaban dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables entre los cuales estaban la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Hemos visto competir a dos hombres que creyeron en este sueño, que siguen creyendo, y hemos visto votar a un pueblo que liberó dos veces a Europa de la tiranía. Probablemente, Obama no podrá ser muy radical porque sus bases han aumentado conforme moderaba su discurso. No sé qué será de Mc Cain pero les aseguro que me gustaría conocerlos a los dos y, si pudiera, le pediría al viejo John que me contase qué le llevó a presentarse a Presidente, cuando a muchos de su edad les buscan plaza en un asilo. Ahora admiro a Obama, pero les confieso que, cuando sea mayor, me gustaría parecerme en algunas cosas a Mc Cain, que no se ha rendido.

 Alabemos a Dios por permitirnos ver estos prodigios.

Etiquetas:Elecciones USA