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con el plebiscito crimeano, que neutraliza el golpe de fuerza fomentado por EEUU

Rusia mueve ficha en el ajedrez ucraniano

José Luis Orella. En el complicado mapa ucraniano, Rusia ha movido ficha con el plebiscito crimeano, que neutraliza el golpe de fuerza fomentado por EEUU. Dos medidas ilegales y que ponen fecha de caducidad el status quo fronterizo de la guerra fría. Tras la caída del comunismo, la OTAN amplio sus fronteras en Europa central, con gran alegría de sus nuevos ciudadanos. Pero, con excepción de los bálticos, el resto de los antiguos integrantes de la URSS, han sido considerados como extranjeros próximos por la nueva Rusia. Vladimir Putin ha resucitado el viejo patriotismo ruso, sustituyendo el caduco marxismo aniquilador de la sociedad soviética, por el tradicional cristianismo ortodoxo. Este año es el primero que la población rusa no pierde población, y consigue crecer demográficamente, gracias a las nuevas medidas profamilia. Sus ventas de materias primas energéticas a la Unión Europea le proporcionan sólidos socios económicos, como Alemania e Italia.

En el caso de Francia, ambos países, viejos amigos, se respetan sus áreas de influencia respectivas. Francia interviene en África occidental sin ningún tipo de control en los gobiernos locales. Por tanto la UE es inoperante como actor único, es un paraguas que esconde intereses diversos, que siempre se solucionan con acuerdos económicos. A nadie le interesa una Rusia que bascularía hacia la China Popular, la otra consumidora del gas ruso. Por tanto, los ucranianos, aupados, como en 1956 fueron los húngaros, vuelven a darse cuenta que Europa es un sueño que nunca se materializa. Derrocaron una democracia corrupta en manos de oligarcas a sueldo de Moscú, pero sólo para sustituirlos por sus rivales con domicilio en los barrios residenciales de la city londinense, donde sus fuertes inversiones sostienen la liga futbolística más famosa del mundo. Los EEUU de Obama habían abandonado su interés por Europa oriental, haciendo crecer el ansia rusa de recuperar su papel de potencia. Su torpe intervención, favoreciendo, fuera de tiempo una revolución de colores, y rompiendo el acuerdo entre la oposición ucraniana y el presidente derrocado, marcaron el turno de los rusos. Putin es un antiguo KGB que habla claro y desde sus tiempos en la RDA, conoce perfectamente la mentalidad occidental. En 2008 con Georgia, anunció, y marcó su área de influencia política.

A través de la Unión Euroasiática (unión económica y aduanera) y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), una equivalente de la OTAN para los países de la exURSS, se va recomponiendo un nuevo protagonista geoestratégico, aglutinando a los países amigos. Ucrania ha sido la pieza esencial, del nuevo puzzle, sin ella, no tiene sentido lo demás. La jugada estadounidense ha sido lo suficientemente fuerte como para hacer reaccionar a una Rusia obligada por las circunstancias a ejercer de potencia. Con el control de Crimea, Rusia recupera su influencia en el Mar Negro, antesala del Mediterráneo, y determina la supervivencia del gobierno sirio. Ahora sólo existen dos posibles panoramas políticos. Aceptación de ambas partes de una Ucrania democrática neutral, donde cada uno juegue con sus actores.

Para este plano, Rusia necesita el área de influencia prorrusa dentro de Ucrania, que soporte al Partido de la regiones y al partido comunista, o, en el caso, de occidentalización radical por parte del gobierno ucraniano actual, donde los activistas revolucionarios, se han hecho con el control de una guardia nacional, en el más pleno sentido de la revolución francesa, se iniciaría un proceso de secesión de las provincias orientales y sureñas de Ucrania. Estas provincias garantizan la unión territorial de Crimea con Rusia, y unirían a ésta, a través de Moldavia al área de acción de los Balcanes, donde se construye su querido South Stream, el oleoducto que proporcionará a los europeos meridionales su querido gas natural.

Etiquetas:EE.UU. EU. Crimeaucrania