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Diario YA


 

Perder cara


Anabel Santos. Pekín. 3 de octubre.

China celebra estos días una de sus grandes fiestas. La del Día Nacional. Una fecha que conmemora el 59 aniversario de la fundación de la República Popular, proclamada por Mao Zedong el 1 de octubre de 1949. Este momento de exaltación del orgullo patrio coincide con el éxito de la misión realizada por la nave tripulada Shenzhou 7, primera en la que un astronauta chino efectúa una caminata espacial, y con el eco, aún presente en Pekín, de los Juegos Olímpicos.

Sin embargo, ni la fiesta nacional, ni el progreso en la carrera espacial, ni la gloria deportiva hacen que se olvide del todo el último escándalo protagonizado por los productores chinos, y encubierto en cierto modo por las autoridades del país. Algo que vuelve a generar la desconfianza en el “made in China”, a la vez que pone en tela de juicio la catadura moral de la clase gobernante. En el primer caso, la avaricia de los abastecedores es lo que ha roto el saco; en el segundo, la absurda manía de acudir al engaño y a la manipulación, a la distracción antes que a la verdad, en base a la creencia de que así se evitará dar una imagen negativa del país, tanto dentro como fuera de éste.

El último escándalo protagonizado por los productores chinos vuelve a generar la desconfianza en el “made in China”, a la vez que pone en tela de juicio la catadura moral de la clase gobernante.

Las celebraciones de las últimas semanas han estado empañadas por la más reciente muestra de falta de ética de algunos representantes del sector alimenticio chino, en concreto, de un buen número de fabricantes de derivados lácteos. El gobierno anunció el 1 de octubre que había hallado trazas de melamina en 31 productos elaborados con leche en polvo, casi el 12% del total. Así lo ha dado a conocer al término de una investigación, en el curso de la cual fueron tomados en consideración 265 productos de 154 compañías, que copan nada menos que el 70 por ciento del mercado nacional de leche en polvo.

En China, la estafa se ha cobrado la vida de cuatro bebés, produciéndose la primera muerte el 1 de mayo, y causado dolencias renales a alrededor de 50 mil. Por el momento, han sido detenidas más de veinte personas por su presunta relación con los hechos. El mercado nacional de los lácteos se ha venido abajo y no son pocos los países que ya han retirado de los supermercados numerosos productos de origen chino. Además de las marcas chinas Sanlu, Mengniu, Yili y Yashili, también se señala a multinacionales como Cadbury o Unilever. Lo peor del caso es que, según AFP, las autoridades chinas fueron informadas hace varias semanas de la existencia de la leche adulterada, pero taparon el escándalo para no perjudicar el desarrollo de los Juegos Olímpicos. Así lo denunciaron el miércoles periodistas y organizaciones no gubernamentales del país. De demostrarse que esto es cierto, volvería a darse otro ejemplo de que, en China, la ocultación del problema aún se considera una solución mejor a reconocer el propio error. Antes mentir que “perder cara”. Mantener el “mianzi” chino, el honor, la credibilidad ante los demás. Un concepto que, aunque choca con la mentalidad occidental, en el gigante asiático sienta las bases de las relaciones sociales.

En China, la ocultación del problema aún se considera una solución mejor a reconocer el propio error. Antes mentir que “perder cara”. Mantener el “mianzi” chino, el honor, la credibilidad ante los demás.

Esto, combinado con el régimen autoritario del partido, su necesidad de reafirmar constantemente la unidad y la grandeza del país y potenciar el patriotismo más allá de las fronteras geográficas, hace que, de vez en cuando, la omisión de lo negativo y la exaltación de lo positivo, elevadas a la máxima potencia, lleguen a rozar el ridículo, lo inmoral y hasta lo pueril. Si no fuera porque este sistema es capaz de llevarse por delante vidas humanas con tal de cumplir sus objetivos, a veces podría resultar hasta cómico.

Efectivamente, China no es el único país en donde sus ciudadanos carecen muchas veces de información. Donde el gobierno controla qué deben saber y qué no, más aún cuando su reputación está en juego. Sin embargo, los límites a los que puede llegar son mucho más extensos que en una nación en la que se disfruta no sólo de una libertad de expresión real y en donde la democracia es la base del sistema político. Este absoluto dominio de la situación es lo que deja un sabor de boca mucho más amargo, ya que no sólo consiste en burlar los derechos de los ciudadanos, sino en hacerlo con la total seguridad de que no habrá una repercusión negativa o lo que es lo mismo, un castigo en las urnas.

A la clase dirigente china sólo parece importarle el homenaje a sus héroes. A los antiguos, los mártires del pueblo, y a los nuevos, los que han conquistado el espacio y destronado a Occidente en la carrera por el oro olímpico.

El caso es que mientras miles de niños continúan sin recuperarse de los daños ocasionados por el consumo de melamina y los adultos se preguntan hasta qué punto ellos también se han podido ver afectados, a la clase dirigente china sólo parece importarle el homenaje a sus héroes. A los antiguos, los mártires del pueblo, y a los nuevos, los que han conquistado el espacio y destronado a Occidente en la carrera por el oro olímpico. Al fin y al cabo, es la imagen, el “mianzi”, lo que está en juego, y ningún representante público chino está dispuesto a perderlo, o lo que sería peor, a dejar que lo hiciera la propia China.

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