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Análisis

La cuestión navarra

Santiago López. 13 de octubre. Se ha hablado mucho durante estos últimos días sobre la conveniencia o no de la posición de UPN a favor de los Presupuestos Generales del Estado y de las razones que podrían haber llevado a Miguel Sanz a apoyar dichos Presupuestos. También ha sido muy comentada la reacción del Partido Popular contra la decisión navarra.

El estatus de la Unión del Pueblo Navarro es ciertamente interesante: mientras el Partido Popular no ha permitido la existencia de otra fuerza conservadora no separatista en el resto de España, la existencia de UPN rompe siquiera regionalmente lo que sin duda es la máxima del centrismo español: o PP o nada. El nacimiento de UPN fue consecuencia de la actitud tanto de UCD como de AP, los dos partidos de centro-derecha con representación durante la Transición. Durante la redacción de la Constitución, en 1978, se incluyó la llamada Disposición transitoria cuarta, que dejaba la puerta abierta a que el Viejo Reyno se incorporase a la moderna Comunidad Autónoma del País Vasco si tal era el deseo de los navarros. La confusión con que dicha disposición trata ese tema, la ausencia total de reciprocidad (es decir, no se propone ni que el País Vasco pueda formar parte de Navarra ni que Navarra pueda dejar de formar parte del País Vasco una vez encuadrada en éste) y la total oposición con el propio Fuero, alertaron a no pocos navarros.

Además, se dio la circunstancia de que uno de los artífices de la Disposición fue Jaime Ignacio del Burgo, por ese entonces en UCD. Según sus propias palabras, la Disposición fue resultado de “la reunión celebrada en el Congreso los días 29 y 30 de diciembre de 1977 en la que el PSOE y el PNV acabaron por aceptar”. A resultas de dicho coqueteo, en 1978, Jesús Aizpún, también de UCD, decide abandonar la Unión centrista y crear la Unión del Pueblo Navarro para defender los intereses y la exclusividad de Navarra frente al separatismo vasco.

Esa idea, la defensa de Navarra foral y española y por tanto la oposición a la Disposición transitoria cuarta, convenció de tal modo al electorado navarro que en las elecciones de 1979 ya fueron la tercera fuerza más votada y en 1983 la segunda, sólo por detrás del Partido Socialista de Navarra. Con la desaparición de UCD se demostró la incapacidad de Alianza Popular de cosechar en solitario buenos resultados. La refundación de AP como Partido Popular, que fácilmente puede decirse que fue una unificación puesta al día entre UCD y AP, llevó a Navarra la integración de los centristas nacionales en el partido regionalista UPN. Dicha integración se llevó a cabo por medio de un pacto de colaboración entre populares y UPN en 1991 donde se acordaba la ausencia de candidaturas de los primeros en Navarra y la inclusión de los segundos en el Grupo Parlamentario Popular. De este modo, se respetaba la independencia y autonomía de ambos partidos y no, como alguno ha llegado a decir, se convertía UPN en la marca electoral del PP en el reino foral.

Actualmente, Miguel Sanz es Presidente de la Comunidad Foral de Navarra con el apoyo del PSN, o mejor dicho, porque los socialistas navarros no poyaron a los separatitas vascos en Navarra. En ese apoyo tácito han visto muchos el motivo de que UPN haya aceptado los Presupuestos Generales del Estado. Sin embargo, el propio Sanz ha desmentido esa hipótesis, aunque si se refirió a la falta de coherencia si en Navarra se exige responsabilidad y colaboración a la oposición socialista mientras en Madrid se les niega.

Sin hacer más conjeturas meta-ideológicas o quinielas políticas sobre las motivaciones de Miguel Sanz, y junto a él prácticamente toda la cúpula del UPN, para tomar esta decisión, lo que sí es cierto es que el Gobierno navarro ha conseguido ciertos acuerdos con el Estado. El más brillante es el Tren de Alta Velocidad a Pamplona, así como el desdoblamiento de las autovías Pamplona- Huesca y Logroño-Zaragoza a su paso por Navarra. Además ha obtenido el compromiso por parte del Gobierno central de hacer reformas fiscales para favorecer a las pymes, políticas sociales para la aplicación de la Ley de Dependencia y potenciar las energías renovables en la región foral.

Hay que tener en cuenta, además de lo conseguido para Navarra por parte de UPN, que los PGE serán aprobados con el concurso de los regionalistas navarros o sin él, ya que el Gobierno de Zapatero cuenta con apoyos suficientes en la Cámara Baja para superar la votación. De tal modo que en ningún caso se podría señalar a los navarros como factor determinante para dicha aprobación.

Por otro lado, Mariano Rajoy declaró que si UPN no votaba lo mismo que PP, consideraría roto el acuerdo de colaboración firmado en 1991. Como respuesta, Miguel Sanz recordó que UPN “es un partido autónomo que adopta sus  decisiones conforme los órganos directivos entiende que debe  adoptarlas” y, por tanto, entiende que en ningún momento han roto ningún acuerdo, sino más han actuado con toda la capacidad que su independencia les concede.

Otro dato curioso es que las mayores y casi únicas críticas a la decisión adoptada por UPN dentro del partido regionalista han sido las de Jaime Ignacio del Burgo, aquél que en su momento redactó la Disposición transitoria cuarta. Dichas críticas lo único que sugieren es cómo del Burgo pertenece a UPN, siendo los regionalistas navarros desde su nacimiento firmes opositores a dicha Disposición obra suya.

En cualquier caso, el tiempo dirá si Sanz y los dirigentes de UPN se equivocan al conseguir ventajas para Navarra a cambio de prácticamente nada, si ha sido demasiado ingenuo confiar en los acuerdos con Zapatero, o si Mariano Rajoy efectivamente lleva a cabo la amenaza de romper con la Unión del Pueblo Navarro.

 
 
 

 

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