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Diario YA

La Cuaresma cristiana no es algo externo

Jesús Domingo Martínez
 
No es fácil añadir nada sobre este tiempo litúrgico fuerte en la vida de la Iglesia, que enlaza, como es sabido, con los cuarenta días de Jesús, de oración y ayuno en el desierto, antes de comenzar la vida pública. La Cuaresma cristiana no es algo externo, como el Ramadán, sino intensificación de vivencias interiores y de sacrificio por los demás: tiempo de metanoia, de conversión, arranque de toda acción apostólica, desde las mismas páginas de los Evangelios.

 Desde hace mucho tiempo, los pontífices romanos acuden a una cita anual con los cristianos a través del mensaje para la Cuaresma. Al recordar criterios tradicionales, actualizan el espíritu con aplicaciones concretas para cada momento histórico.

 El papa Francisco ha mostrado la rara y brillante habilidad de combinar sinónimos de alegría para titular los más importantes documentos de su pontificado. Pero este año ha elegido como tema un texto aparentemente distinto, aun con el deseo de “ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia”: una expresión de Jesús en san Mateo: “Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría” (24,12).