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Diario YA

dogma mariano definido por el gran Papa Pío XII, el 1 de noviembre de 1950

LA ASUNCIÓN DE LA SEÑORA DEL APOCALIPSIS

Fidel García Martínez. El 15 de agosto, en plena canícula de agosto, celebra la Iglesia Católica una fiesta solemnísima y muy popular; no hay pueblo en España que no celebre  la Asunción de Nuestra Señora, en cuerpo y alma al Cielo, dogma mariano definido por el gran Papa Pío XII, el 1 de noviembre de 1950, por lo que se declara que la siempre Virgen María, Inmaculada Madre de Dios, cumplido el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la Gloria Celestial.

Muchas iglesias y catedrales que tienen como patrona a Nuestra Señora de la Asunción, guardan entre sus obras de arte representaciones de este misterio,  como la parroquia madre de San Nicolás de Avilés donde se ` puede contemplar la vidriera magnífica que en el presbiterio preside el templo. En la liturgia de este  día ocupa un lugar muy especial el libro del Apocalipsis, verdadera vivero para el cine catastrofista made  in Hollywood, que todo lo destroza en función de la ganancia crematística hasta el paroxismo y la irreverencia.
Encontramos en este libro revelado y de muy difícil interpretación un texto en el que parece una mujer excepcional, María Santísima, vestida de sol, con la luna bajo sus pies, coronada con doce estrellas, en las que se inspirado la bandera azul  de la UE. La mujer  está próxima a dar a luz, y la amenaza un enorme dragón rojo que está dispuesto en cuanto nazca  a tragarse al Niño,  mientras la mujer huye al lugar destinado por Dios para ella.

En este texto se retoma la gran maldición biblia en que la mujer y su linaje  aplastará la cabeza del infernal dragón. Esto  es lo que el gran San Agustín, Patrono de Avilés, desarrolló en su Teología de la Historia, la Ciudad De Dios, las fuerzas del mal, representada por el dragón rojo e infernal, intentan aniquilar, destruir y asolar cualquier referencia a Jesucristo y a  la Iglesia católica por él fundada. El gran drama del Catolicismo convencional, es haberse  dejado  arrebatar sus señas de identidad genuinas, como son las grandes fiestas patronales que solo tienen sentido de sus raíces católicas. Esta fiesta de la Madre del Cordero que quita el pecado del mundo, no puede ser  sustituida por un sucedáneo pagano en el que todo es ruido, actividad continua y fuegos  colorados. La Asunción de María es un grito de esperanza, en el que la muerte y la nada no tienen la última palabra como proclaman los nuevos corifeos postmodernos del viejo y caduca existencialismo.