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Diario YA


 

Los curas vascos, en el colmo de la temeridad y la osadía

El nacionalismo de curas separatistas causa escándalo en los fieles

Miguel Massanet Bosch. Puede que sea sólo un espejismo o que ya empiece a sentir los peligrosos y desesperanzadores síntomas de una senilidad que me impida comprender lo que sucede en nuestro país, pero debo confesarles que, en ocasiones, cuesta poder asimilar ciertos acontecimientos que, si uno busca encontrarles una explicación, por mucho que quiera darle vueltas y buscarles las causas que los justifiquen, resulta tarea imposible. El caso es que, señores, parece que tanto en la comunidad catalana como en el País Vasco muchos religiosos, muchos pastores de la iglesia católica y sus correspondientes acólitos, han decidido dar un paso más en lo que consideran su ministerio de maestros y mentores de los católicos, para entrar en un territorio que, a fuer de lo que el Señor les dijo a sus apóstoles (cuando se creían que Él había venido al mundo para llevar al ejército israelí a la victoria, en su sempiterno enfrentamiento contra los romanos); con aquellas palabras tan clarificadores, hablando de su misión sobre la Tierra: “mi reino no es de este mundo” y, posteriormente, acabó de enfatizarlo al reconocer el poder civil distinto del eclesial al decirles aquello de: “ dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”; parece evidente que debería de estarles vedado y fuera, por supuesto de su misión pastoral sobre los fieles, mostrar su apoyo a algo que es ilegal.

No es la primera vez que hemos tenido que comentar el vergonzoso comportamiento de algunos frailes, en ocasiones, altos cargos de la Iglesia católica española; tentados de confundir su oficio como ministros del Señor; sus obligaciones de fomentar el ecumenismo de la iglesia ; su obligación de fomentar la caridad cristiana y hermanar a todos los españoles, sin distinguir a los que pertenecen a una determinada autonomía respecto a los de otras; porque, al fin y al cabo, todos somos personas humanas y tenemos un idioma común que lo hablan más de 500 millones de ciudadanos de diversos países que, en el caso de algunas regiones se complementa con otros idiomas locales vernáculos, que no tienen ni deben oponerse los unos a los otros, ni convertir los idiomas o dialectos en armas de enfrentamiento, por aquellos que se han creído que dividiendo se consigue más que estando todos unidos. Desde las boutades del obispo Setién, en el País vasco; sus actitudes comprensivas hacia los miembros de la ETA, una banda de asesinos que mataban a mansalva, argumentando que lo hacían para conseguir la independencia de su país; su actitud extraña ante el dolor de las víctimas y su enfrentamiento abierto contra el Gobierno español, la iglesia vasca, no toda por supuesto, no ha dejado de sorprendernos en cuestiones tan ajenas al ministerio eclesial como ha sido su oposición, sistemática, a que les asignaran obispos que no han sido de nacionalidad vasca. Una actitud compartida y, seguramente, forzada por sus fieles que no puede entenderse si no desde el punto de vista de unos clérigos que han decidido involucrarse en política, en nacionalismo y en demandas que les debieran ser ajenas, al no formar parte del ministerio que les ha encomendado la Iglesia, por supuesto más bien unificador, solidario, sin diferencias por razones políticas, de raza, de color o ideas y, mucho menos, si la diferencia o presunta diferencia se basa en la doctrina nazista, que parece que comparten algunos separatistas vasco, que presupone una superioridad de la raza vasca sobre la del resto de los españoles. ¿Qué tipo de justificación pueden argumentar estos religiosos, este centenar de curas vascos que se han erigido en opositores a su obispo, monseñor Munilla, por interpretar que mantiene una línea rupturista con respeto a sus antecesores (Setién y Uriarte)? Tenemos que, advertir, llegados a este punto que, en Catalunya, ocurre exactamente lo mismo, hasta el punto de que, el actual arzobispo y cardenal de la iglesia catalana, monseñor Sistach, está postergando su retiro, que por su edad ya debía haberse producido hace meses, para evitar que, a Catalunya, le sea asignado otro obispo que no sea catalán. Es obvio que, tanto los curas vascos como los catalanes, están adoptando una actitud política, de forma pública, que se sale por completo de sus facultades como pastores de la Iglesia, que causan confusión y seria dudas en los fieles, que no aciertan a comprender como, desde las altas magistraturas de la Iglesia, se puedan apoyar conductas contrarias a las leyes estatales; actitudes opuestas a las sentencias de los tribunales y flagrantes enfrentamiento con las normas educativas procedentes del Gobierno de la nación, cuando se trata de darle la importancia que se le debe al castellano, lengua oficial del Estado y a los deseos de los padres, que no hacen más que exigir que se cumpla, en sus propios términos, lo dispuesto en nuestra Constitución. Los curas vascos, en el colmo de la temeridad y la osadía, pretenden en sus demandas a monseñor Munilla, mezclar conceptos de tipo religioso con peticiones que nada tienen que ver con ello, ensayando una especie de melting, barajando conceptos: “el obispo es, ciertamente, el responsable primero; pero no el único responsable, ni tiene que llevar esta responsabilidad en solitario” ¡Sí señores, ya se nota que están en la vena de PODEMOS y su líder Pablo Iglesias! Los sacerdotes firmantes, al parecer, exigen constituir una comuna en la que los acuerdos se tomen por mayoría y la autoridad del diocesano se reduzca a un voto más inter pares. ¡Bravo, señores, la jerarquía de la Iglesia se está derrumbando al son de las trompetas que abatieron las murallas de Jericó, sopladas por los cien protestantes! Estos mismos afean al obispo “algunos escritos, actividades y homilías en torno a la pacificación ¿? de nuestro pueblo” Todo ello porque, monseñor Munilla, intenta que la diócesis vuelva a sus funciones religiosas erradicando la política de la comunidad religiosa sobre la que ejerce su ministerio. Y aquí deberíamos formular una queja a la curia del Vaticano. Es evidente que los que rodean a SS. el Papa Francisco, tienen la obligación de estar informados de lo que ocurre en todas las diócesis del mundo y, en el caso de España, el papa Francisco sabemos que ya ha sostenido encuentros con Sistach y otros prelados, recientemente con el ex obispo de MADRID, el cardenal Rouco Varela, que le habrán expuesto sus respectivos puntos de vista sobre la cuestión nacionalista; algo que, en estos momentos, constituye uno de los principales problemas del Ejecutivo español, si es que queremos referirnos al desafío soberanista, especialmente el catalán ( el vasco está ya preparando su campaña de acuerdo con lo que suceda en el caso catalán). Los ciudadanos españoles echamos de menos una orientación de la Santa Sede que aclare a los cristianos católicos la postura del Vaticano con referencia a estos nacionalismos, que parece que no sólo afectan a una parte del pueblo, sino que, y esto ya resulta más preocupante, a los católicos, que se ven sorprendidos ante unas posturas, evidentemente tendenciosas, en relación con esta parte de la curia que mezcla religión con nacionalismo y ejercicio de misión apostólica con críticas al Gobierno y actitudes insolidarias con las otras comunidades católicas de la nación. No sobraría que el cardenal primado de España emitiese su opinión sobre tan trascendental tema. Choca que unas palabras tan claras y explícitas como fueron las de Cristo sobre el poder temporal y el espiritual de la Iglesia, no basten para que algunos clérigos se guarden para sí sus aspiraciones mundanas y se dediquen a cumplir con mejor ánimo sus obligaciones derivadas del sacerdocio. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, sentimos perplejidad ante los desvaríos de algunos frailes díscolos.

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