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Diario YA

ha querido diferenciarse, desde el primer momento, del partido dirigido por el señor Pérez Rubalcaba

El delicado juego político del PSOE de Pedro Sánchez

Miguel Massanet Bosch. Todos sabemos que los tahúres, los grandes prestidigitadores del juego de naipes, son verdaderos expertos en los complicados juegos de azar relacionados con las barajas; algo que implica, además de una gran pericia en el cálculo de probabilidades; en el estudio de las distintas peculiaridades personales del resto de partícipes en el juego; de sus tics habituales y del mismo ambiente que rodea la partida; un especial sexto sentido que le hace detectar cuando es el momento oportuno de apostar fuerte para sacar el máximo provecho de su participación en la apuesta. En política se puede decir que se trata de una competición en la que también son necesarias las cualidades que hemos descrito para el caso de los tahúres, sólo que, en este caso, aplicadas al “juego” en el que se disputa alcanzar el poder, convenciendo a una sociedad determinada de que, el que resulta vencedor, es el más apropiado para hacerse con el gobierno de una nación. Claro que, por la cantidad de factores que concurren en esta especial pugna, se trata de estudiar las estrategias más adecuadas para tocar la fibra sensible de los electores mientras se intenta, utilizando los medios posibles, ( no siempre los más éticos y correctos) para desprestigiar al adversario, sacar a relucir sus defectos y desmontar sus argumentos, utilizando la dialéctica y la oratoria aunque, en la mayoría de casos, lo que más se acaba empleando es la demagogia y el juego sucio, dos conceptos que, desgraciadamente, se puede decir que son la vera efigie de toda campaña política.

El PSOE del señor Pedro Sánchez ha querido diferenciarse, desde el primer momento, del  partido dirigido por el señor Pérez Rubalcaba (un verdadero experto de la política), pretendiendo dar una imagen renovada que se diferencie de aquel partido al que el señor Rodríguez Zapatero consiguió llevar al borde de su disolución definitiva. No es tarea fácil, ni se puede pedir a la mayoría de sus antiguos votantes que, en unos pocos años, se olviden de aquellos que con sus dilates, sus utopías, sus absurdas apuestas y su falta de preparación para dirigir a un país, al que la crisis le amenazaba más que a muchos de su entorno, empezando por negar que nos pudiera afectar y acabando por tener que implorar ayuda a Europa porque, en caso contrario, íbamos directos al abismo de la caída en default.  Sin embargo, no parece que el actual dirigente de los socialistas haya comprendido el papel que le corresponde a su partido en la actual política española; una política que ha entrado en una peligrosa espiral en la que la desconfianza, la desafección, la indignación y la reprobación de los ciudadanos amenaza con dejar desprestigiada a la clase política por muchos años; con el peligro que ello entraña ante la amenaza de los separatismos y la aparición de nuevos partidos extremistas, dispuestos a acoger en su seno a todos los actuales descontentos con el sistema político actual.

En lugar de seguir la senda de Felipe González, de intentar recuperar el puesto que han venido cubriendo durante los pasados años, antes del desastre del señor Zapatero, de un centro izquierda moderado capaz de continuar la deseable alternancia en el poder, de modo que, los cambios precisos se pudieran llevar a cabo sin estridencias, peligro de rupturas y de la mejor manera posible para mantenerse dentro de las normas constitucionales; conservando, en los importantes asuntos de Estado, la capacidad para afrontarlos juntos, de modo que, en ningún  momento, se corriera peligro, tanto respecto a la unidad de la nación como en aquellos temas internacionales que precisasen del apoyo de ambos partidos, de que las discrepancias entre ellos pudieran romper el consenso necesario en beneficio y provecho de todos los españoles.

No parece, sin embargo, que el señor Pedro Sánchez, a pesar de que la primera impresión que tuvimos de él fuera favorable y nos hiciera pensar que podría retornar al PSOE a aquella posición responsable que, durante tantos años, fue capaz de mantener; al fin y si nos dejamos guiar por sus últimas actuaciones, no tendremos más remedio que reconocer que, el camino que ha emprendido de confrontación sistemática, de oportunismo, de radicalización y de optar por un viraje hacia la izquierda más extremista, en competición con la IU del señor Cayo Lara; no parece que pueda llevar a su partido a buen puerto, si se toma en cuenta que la postura ecléctica y poco comprometida que ha decidido adoptar frente al conflicto catalán, jugando a satisfacer al PSC del señor Izeta – una partido, actualmente minoritario en Catalunya, que ha estado jugando a apoyar a los separatistas en ocasiones o a mostrarse contrario a ellos, en otras; sin que hayan tenido otra cosa que aportar que, el invento de Pere Navarro, consistente en pretender la formación de una España federal que, curiosamente, es lo más parecido a lo que tenemos ahora con las autonomías y que no aportaría más novedad que complicar, si cabe, aún más el actual panorama de confusión e inestabilidad en el que estamos inmersos – no tiene futuro alguno, sin que su postura imprecisa y equívoca lo pueda situar, claramente, en apoyo del Gobierno central; cuando ahora sería el momento más oportuno para hacerlo, dejando para cuando fuere conveniente el hablar de la reforma constitucional, cuando el país estuviera más en calma; no tan acuciado por la necesidad de superar la crisis, reducir el desempleo, mejorar nuestra imagen exterior; cuando más hace falta dar la sensación de solidez interna y es necesario conseguir reactivar, de una vez, nuestra actividad industrial de modo que, poco a poco, el desempleo fuera dejando de ser el problema más crucial de España.

El pánico que le ha entrado a Pedro Sánchez ante la espectacular irrupción de Podemos, del señor Pablo Iglesias, en la arena política; tenemos la sensación que lo ha descolocado y, por ello, está intentando luchar con ellos en su mismo terreno, en el que tiene todas las de perder porque, al pretender imitarlos, lo único que consigue es luchar en inferioridad de condiciones con ellos que, por el momento, han conseguido superarle en extremismo, radicalidad y favor de las izquierdas más antisistema, ácratas, comunistas y revanchistas de modo que, hasta en Catalunya, ya están avanzando, a pesar de la implantación que allí tiene el sentimiento separatista. Los ataques al gobierno del señor Rajoy no tienen en qué sostenerse cuando se basan en la corrupción, algo que en su partido tienen para reglar y vender; en el desempleo, ellos fueron los que dejaron el mayor número de desempleados y por añadidura a la nación más endeudada y con peor déficit, en situación de solicitar el rescate de Europa ( algo que sí podemos agradecer al señor Rajoy, que ha conseguido superar con nota aquella grave situación) o en el endeudamiento público, una lacra que ha tenido que soportar el actual gobierno del PP gracias a las deudas y el elevado déficit público que el PSOE, les dejó en herencia a los actuales gobernantes.

Su oposición a llegar a acuerdos en el tema de la corrupción pública no tiene en que sostenerse si no se toma en consideración la obcecación del señor Sánchez en aparentar que se ha vuelto más de izquierdas que el señor Garzón de IU y los mismos antisistema de Podemos. Un grave error del que, con toda probabilidad no tardará en apercibirse cuando se encuentre entra la tenaza de una derecha malparada, eso sí, pero sin otra alternativa posible a la que acudir y la izquierda más extremista, compuesta por Podemos y una desaparecida IU a la que ya está empezando a fagocitar el partido de Pablo Iglesias. Hace mal don Pedro de tirar tanto de la cuerda en su enfrentamiento al PP porque es muy posible que, así como se están presentando las cosas, para las legislativas del 2015 quizá la única solución que les quedaría a ambos partidos, sería la de llegar a un acuerdo de gobierno para evitar un gobierno extremista de Podemos y el resto de partidos más extremistas de todo el arco político. O así es como, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos como nuestros políticos están empeñados en hacer ciscos España.
 

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