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De Prada: "La idolatría ideológica es la herejía de nuestro tiempo"

Juan Manuel de Prada, dedicándonos un libro en su estudio

Nos recibe en su estudio, donde huele a literatura y a talento. Tiene una mirada un tanto enigmática, a medio camino entre la timidez y el misterio. Cuando habla, es fácil que su interlocutor tenga la impresión de que el cerebro del genio envía un manantial de palabras frescas, ingeniosas, llenas de vida, a una boca por la que salen verdades como puños. Verdades sobre el hombre y sobre este mundo que a todos nos ha tocado vivir. A él también.

¿Qué supone para un escritor y articulista de su categoría formar parte de la plantilla de colaboradores de L´Osservatore Romano?
 
Para un escritor católico es muy importante. También es una oportunidad para abordar asuntos desde puntos de vista que hoy en la prensa cada día es más difícil abordar. Porque uno de los problemas de la prensa de hoy es su pérdida de profundidad. L´Osservatore Romano todavía tiene esa profundidad, esa capacidad para abordar asuntos que la prensa de nuestra época orilla. Y desde perspectivas que hoy son casi imposibles, porque la prensa está cada día más politizada, más ideologizada y no va al fondo de las cosas. Además, L´Osservatore Romano, en sus mejores etapas, ha sido un foro para el debate de ideas y donde han escrito grandes pensadores y grandes escritores. Para mí es un honor, y una responsabilidad muy notable, porque los artículos que mandas tienen que ser muy pensados.
 
¿Le ha compensado un poco de sus malos ratos de las últimas semanas, a raíz de la polémica con la COPE?
 
Ha sido una muestra de apoyo muy importante. Aquellas declaraciones las hice a título personal, pero el hecho de que se publicasen en L’Osservatore Romano fue una muestra de confianza en aquello que yo estaba diciendo. Es decir, no había “adhesión” por su parte, pero sí confianza. Si hubiesen pensado que yo quería intoxicar o manipular, no lo hubieran publicado. Es una alegría, y un consuelo después de todas las infamias que se han lanzado sobre mí.
 
Sé que en aquellos momentos tuvo dudas sobre si había hecho o no lo correcto…, ¿ha tenido tiempo de reflexionar sobre ello?
 
Mi dolor venía por dos razones. Una de ellas la expresé en un artículo publicado en ABC que se titulaba “Dic ecclesiae”, que es el dolor de ser golpeado por la propia Iglesia. Siguiendo el precepto de la corrección fraterna, yo acudí a la Asamblea, a la Iglesia, y qué mejor sitio que L´Osservatore Romano. Pero no fue una cosa premeditada, fue una entrevista que me hicieron a propósito de la traducción de mi novela El séptimo velo al italiano, que por aquellos días estaba presentando en Milán y Roma. Igual que me hicieron entrevistas en otros periódicos italianos, se me hizo una para L’Ossevatore Y ahí decidí que era el momento de darle a esto una mayor transcendencia; a mí no me importa que me critiquen los destinatarios de mi crítica, sino que lo haga la jerarquía eclesiástica. Eso verdaderamente te duele.
Pero mi segundo motivo de tribulación se debe a que a mí no se me escapa que a muchas personas que despotrican contra Jiménez Losantos, (Jiménez Losantos es el espantajo que ellos enarbolan), lo que los mueve es el odio a la fe católica, y han visto en Jiménez Losantos un motivo para hacer daño a la Iglesia. Y entonces, reflexionas: es decir, hasta qué punto lo que tú has hecho no puede servirles a ellos en su estrategia. Después he recibido múltiples ofertas para ir a los medios a despotricar contra Jiménez Losantos, y a todas dije que no. La conclusión a la que he llegado es que lo que hice era doloroso, pero era mi obligación hacerlo desde una perspectiva puramente evangélica, siguiendo el precepto de la corrección fraterna.
 
Entonces, a Vd. lo que menos le preocupa es que le critique Jiménez Losantos…
 
No, para mí eso es un timbre de gloria. Desde un punto de vista moral, cuando eres insultado vejado y perseguido por aquellas personas a las que no reconoces una estatura moral…, podemos aplicar la cita de Cernuda, aquello de que “los insultos son formas amargas del elogio”. Es decir, para mí es un elogio que me insulte Jiménez Losantos; ante quienes tengo que responder, en términos mundanos, y ante Quien tengo que responder, en términos transcendentes es lo que de verdad me preocupa. Para mí lo otro no supone ningún problema. Por otra parte, en términos más interesados, que naturalmente no son los importantes aquí, hoy por hoy ser insultado por Jiménez Losantos te da una aureola positiva. Pero además, cuando defiendes ciertas posturas de manera nítida y reflexiva, tienes que saber que eso provoca muchos odios; yo he sido insultado por personas muy diversas, cosa que no debe influir a un escritor que tiene como obligación decir lo que piensa.
 
Como católico, como intelectual, como persona que está al tanto de lo que ocurre en los medios, ¿usted cree que otra Cope es posible?
 
Sí, absolutamente. Yo es que no participo de esa idea según la cual una radio católica sólo tiene dos posibilidades: o aceptar el juego de la oferta y la demanda, y por tanto ofrecer a un mundo que se ha olvidado de Dios, un periodismo que también vive ajeno a Dios, o por el contrario hacer un periodismo pío, gazmoño, sentimental, almibarado, beato (en el peor sentido de la palabra). Yo creo que esta dicotomía es falsa. Se puede hacer un periodismo muy potente, muy ameno, muy aguerrido y extraordinariamente incisivo desde los presupuestos de la fe. Un periodismo en el que todos los grandes problemas de la humanidad fueran abordados con nervio, y que todas las calamidades de nuestra época fueran condenadas y señaladas, pero desde presupuestos católicos. A veces, muy de vez en cuando, en el programa de Jiménez Losantos entrevistan a algún obispo para que suelte doctrina. Pero un buen programa, en una radio católica, sería aquel en el que no hablasen los obispos, porque su voz sería totalmente innecesaria y redundante. Todo este fenómeno denota una terrible verdad de fondo: las personas que tienen a su cargo un medio de comunicación católico consideran que si optaran por esta “tercera vía” no habría público para ellos;  o tendrían tan poco público que ese medio no podría ser rentable. Esto supone un grave problema desde el punto de vista de la fe.
 
Y en este contexto, nace DiarioYa.es, en un formato digital. ¿Piensa que hay sitio para este nuevo diario en Internet?
 
No es que crea que haya sitio, hay un continente entero, un continente sin colonizar. Yo creo que la gran alternativa que se puede ofrecer hoy es precisamente ésta, un medio que analice la realidad desde presupuestos no ideológicos, que es a lo que estamos acostumbrados, sino desde presupuestos religiosos. Y entendiendo por religión la relación del hombre con Dios, que naturalmente es una relación que se expresa a través de la vida. Un medio de comunicación que aborde los problemas políticos, sociales, económicos, culturales, etc. de nuestro tiempo desde una perspectiva cristiana, es algo absolutamente novedoso y, si se hace bien, creo que tiene unas posibilidades incalculables. Porque la idolatría ideológica, que es la herejía de nuestro tiempo, es decir, pensar que el hombre puede construir un paraíso a través de la ideología, ya estamos viendo que tiene nulos resultados…Esos resultados son sociedades reducidas a escombros, sociedades en las que, como falta un elemento de esperanza, viven en la complacencia que les pueda dar su riqueza o una cierta estabilidad económica, por una parte, y por otra en el vacío más absoluto. Son sociedades desesperadas. Y estas sociedades desesperadas es cierto que tienen muchas formas de anestesia que les permiten seguir viviendo, como la riqueza, el enconamiento ideológico, etc. Sin embargo, aunque parezcan sociedades muy vivas, se están alimentando de muerte, y esa muerte, que las va gangrenando, no ha logrado sepultar del todo la nostalgia que sienten los hombres de una nueva forma de entender la vida que les procure un poco de esperanza.
Por tanto, creo que la aparición de este medio es muy pertinente y muy necesaria. Uno de los riesgos de esa tercera vía es no profundizar en lo verdadero desde la experiencia humana. Es decir, caer en abstracciones, que la gente las perciba como dogmatismos que no están encarnados en su realidad vital. Nos encontramos también ante el riesgo del clericalismo, terminar acogiéndose al orden eclesiástico, olvidando que el periodismo al final se tiene que encarnar en la realidad concreta.
 
¿Se trataría de ir más de la mano de Dios que de la Iglesia?
 
No, no, no…La Iglesia es la obra de Dios a través de los hombres. Me refiero a la necesidad de no distanciarse de la realidad, cosa que sucede con mucha frecuencia en la información religiosa. La información religiosa en los periódicos  es nefasta, tanto la que es adversa como la que es amiga, porque termina siendo información clerical. Está siempre hablando de lo que dice tal obispo, o tal otro, y pierde la noción de que la Iglesia es una realidad que está inscrita en el mundo.
 
Esto me lleva a preguntarle por el papel de los católicos en los medios de comunicación, por ejemplo su caso en el diario ABC…, ¿cómo se puede dar testimonio, a qué sociedad nos vamos a dirigir, es posible cambiar esta sociedad a través de los medios?
 
Yo creo que absolutamente. Y sería absurdo que pensáramos que un periodista católico tiene que estar hablando de temas estrictamente religiosos. Yo creo que la realidad es religiosa, entonces hay que abordar todos los asuntos, todos. Pero tiene que procurar ir a las raíces de los problemas. Es decir, yo cuando leo la prensa, lo que escriben los comentaristas, los artículos…, me pueden gustar más o menos, los hay que escriben muy bien, con mucho donaire, con mucha gracia, pero ves que siempre se están quedando en lo anecdótico, en la espuma de los días. La misión de un periodista católico es no desdeñar la espuma de los días, porque se convertiría en una especie de pelmazo que pontifica, sino escribir sobre esa espuma de los días, pero procurando que eso lleve al lector a preguntarse por las causas profundas, que es lo que yo echo en falta muchas veces en la prensa, incluso en intelectuales católicos. Les falta esa capacidad para penetrar en las causas profundas. Una de las líneas constantes del pontificado de Benedicto XVI es la vuelta a los orígenes, la vuelta a las raíces, la vuelta a los manantiales de la fe. Es un pontificado que busca la confrontación con nuestra época. Plantea los grandes temas desde presupuestos cristianos, pero los grandes temas que incumben a la sociedad,  siempre con un deseo de ir a las causas, de ir a las raíces. Esto creo que es fundamental, porque si no, corremos el riesgo de convertirnos en una voz más dentro de la confusión de voces, en medio de una sociedad que está aturdida por la información, y siempre es una información desgajada del saber, del conocimiento. Yo creo que la información católica debería ser aquella en la cual el lector siempre pudiera ir a los principios.
 
Habla usted de los periodistas de hoy…, y sí que tiene uno la sensación de que se ha perdido algo de nivel en los columnistas de la prensa española…Estoy pensando en la desaparición de Umbral, que ha sido el más reciente, pero también en Cela, Campmany, ves lo que hay ahora mismo, y quizá se está haciendo una cierta dejación de lo que debe hacer un periodista en el campo de la opinión…
 
Aquí confluyen varios problemas. Por una parte, que vamos a un periodismo cada vez más tecnificado, y los medios de comunicación desconfían del escritor, porque piensan que el escritor lo que va a hacer es meter literatura, y la literatura se considera algo superfluo, como un adorno. Esto forma parte de la degeneración del arte: el arte ya no aspira a descubrir y a profundizar en la verdad, sino que se ha convertido en un aspaviento estético. La literatura se mira con desconfianza porque se considera que no aporta nada, cuando la literatura, si es verdadera, a lo que te ayuda es a descifrar el mundo, no es un mero aderezo. Y por otra parte, tenemos un periodismo cada día más aturdido por la banalidad, por la pequeñez ideológica, por la trifulca política, por lo perecedero. Se escribe cada vez con menos altura literaria, y además se enfangan más en la menudencia. Es cierto que se está produciendo una ruptura con una larga tradición, la del gran periodismo del XIX y del XX.
 
Su tarea como articulista es bien conocida, y la línea que ha llevado es de una gran coherencia, pero como novelista, ¿qué influencia ha tenido su experiencia cristiana?
 
Hay una evolución natural en todo escritor y hay una evolución en un escritor que descubre la fe. La evolución natural en un escritor va de la brillantez formal hacia el conocimiento del alma humana. Cuando empiezas a escribir, tienes un gran desconocimiento del alma humana, y otorgas gran importancia a la brillantez formal. Eso es atractivo, porque la literatura juvenil siempre tiene un componente entusiasmante, precisamente porque es muy espontánea, efusiva, y tiende con mucha frecuencia a la búsqueda desalmada de brillantez, que resulta muy atractiva. Pero a medida que pasan los años, te das cuenta de que esto no te satisface, que la verdadera misión de la literatura es abordar el conocimiento de la verdad humana. Esa es la evolución natural. Y luego está la otra evolución, que es la del escritor católico, religioso. Y aquí lo que el escritor tiene que contar es la intervención de la Gracia en la vida humana, la intervención de Dios en la vida humana. Pero cometeríamos un grave error si pensáramos que las novelas de un escritor católico deben ser beatas, o evangélicas. Decía Flannery O´Connor, la gran escritora norteamericana, católica, que la literatura habla de la acción de la Gracia en un territorio ocupado en gran medida por el demonio…, no recuerdo exactamente su frase. Entonces, el novelista católico no puede falsificar la realidad, puede mostrar la intervención de la Gracia, de Dios, en un mundo donde está presente lo demoniaco, donde está presente el mal. Y ese es el campo de acción del escritor. A mí con frecuencia se me reprocha que yo hago novelas en las que la presencia del mal es muy fuerte. Y eso tiene que ver, primero con que buena parte de mi obra es juvenil, y en ella he buscado la brillantez en sí misma, pero también posiblemente en mí hay otras inquietudes, que tienen que ver con la naturaleza humana, y en esa verdad humana está el mal, del que un novelista debe rendir cuentas. Por eso yo creo que la transformación que se ha operado en mí consiste en que ahora es mayor la intervención de la Gracia en el hombre. Yo creo que además la teología cristiana, en oposición a la ideología rousseauniana, muestra la naturaleza del hombre como algo tocado por el mal. Y de eso el novelista tiene que hablar.
 
Hablemos del proceso creador de un novelista como usted…, ¿cómo es un día normal en la vida de un escritor, cómo empieza todo?
 
El proceso creativo es algo misterioso, no se puede explicar en términos racionales. Tiene un componente misterioso, ese “quod divinum” del que hablaba Horacio, ese aliento misterioso, que no sabemos de dónde viene ni cuándo va a soplar…, a veces te visita, otras no, es lo que los antiguos llamaban “inspiración”, etc. eso está presente, y si eres creyente lo identificas como algo divino. De hecho, la creación artística tiene algo en común con la creación divina: esa frase de “y vio Dios que era bueno”, es la satisfacción que tiene el creador cuando ve que lo que ha hecho está bien. Eso también lo siente el creador artístico. Y luego el proceso creativo tiene otras facetas que ya dependen de uno, que tienen que ver con la creación de unos hábitos, de una disciplina, de unos métodos de trabajo, etc., que en mi caso son bastante laboriosos. Yo soy una persona que tiene facilidad para escribir, pero no facilidad para crear, yo sólo concibo la literatura como un acto de creación. A mí me han ofrecido decenas de veces escribir libros por encargo, escribir una novela que trate tal o cual tema, soy incapaz de todo eso, no puedo. Tengo que escribir sobre aquello que me inquieta, sobre aquello que me apetece, y eso me exige mucho esfuerzo. Primero, esfuerzo de concepción, porque me gusta que en mis novelas haya mucha ambición, y eso requiere un esfuerzo compositivo enorme. Luego requiere un esfuerzo de documentación, después de concepción de los personajes, que tienen que tener un sentido, una coherencia…, o incoherencia, pero que derive de su naturaleza humana. Y esto también requiere una labor subterránea que no se ve, no es la escritura propiamente dicha. Y luego ya finalmente, cuando tienes todos estos ingredientes, cuando sabes de lo que vas a escribir, cuando has concebido a los personajes, cuando sabes el tono que le quieres dar al libro, te pones a escribir. A mí lo que más me cuesta no es la escritura, que es un trabajo de disciplina, sino lo que hay detrás, lo que es el trabajo previo.
 
Y cuando uno ha terminado, y ve “que era bueno”…, ¿se tienen hijos predilectos, Juan Manuel de Prada tiene una novela suya favorita?
 
Bueno, uno ve que es bueno al principio, al principio te emocionas, y dices “mira, qué bien me ha quedado…” Pero luego, cada día que pasa es más terrible, porque te distancias de ese trabajo y empiezan a surgir los problemas, ya que solamente ves los defectos. Y gracias a Dios que ves los defectos, porque el día en que dejaras de ver los defectos habrías caído en la complacencia y ya lo que haces no vale para nada. Hombre, uno siempre suele identificarse con lo último que ha escrito porque está más cerca en el tiempo y no te has distanciado tanto de ello. Pero yo no sería capaz de decirte cuál es mi libro predilecto. Sí sé que en algunos de mis libros hay menos ambición, menos esfuerzo…, Así ocurre, por ejemplo con mi primer libro, Coños, que era un homenaje a Ramón Gómez de la Serna, o con La tempestad (novela con la que gané el Premio Planeta), la escribí como un divertimento, aunque también tiene su profundidad, pero es una novela menos ambiciosa. Frente a estos, he escrito otros libros, y cada uno tiene sus virtudes y sus desaciertos. A mí, la novela mía que más me gusta es la última, El séptimo velo, pero creo que es porque es la más cercana.
 
Usted ha sido un autor que, desde muy joven, ha recibido críticas muy positivas de sus obras, en España y fuera de España…, ¿en qué medida eso ayuda o perjudica?
 
Eso es un acontecimiento ajeno al escritor, y no deja de ser vanidad de vanidades. Ciertamente, eso te puede ayudar en un determinado momento, pero también puede oscurecer tu trabajo. Yo he aprendido a verlo como algo ajeno a mí, como una excrecencia, como algo que no me pertenece, y de lo cual te tienes que distanciar, tanto para lo bueno como para lo malo. Cuando yo empezaba, pues claro, no podías abstraerte a una crítica elogiosa, y esto provocaba en ti una especie de “espejismo de vanidad” que podía llegar a degenerar en idolatría y en una fatuidad monstruosa que luego es muy mala para el trabajo, porque caes en la complacencia, intentas repetirte, etc. Y al contrario también, cuando recibías una crítica negativa te hundías en la depresión. Hoy en día, esto ya no me afecta. Y en esto tiene mucho que ver el redescubrimiento de la fe. Te das cuenta de lo que es importante en tu vocación, y qué es accesorio. Y lo importante en tu vocación es que tú, en tus obras, pongas lo mejor de ti y que te esfuerces al máximo en cada una de ellas. Luego, el reconocimiento o la falta de reconocimiento que esas obras puedan tener, no debe afectar a tu trabajo. Y yo he de confesar que he llegado a un estado en el que esto no me afecta, ni para bien ni para mal. Por otra parte, yo sé que debido al nivel de putrefacción en el que chapotea nuestra cultura, el reconocimiento es siempre por razones ajenas a la literatura. Cuando yo era una persona desconocida, y no tenía unos rasgos distintivos, recibía muchos elogios; y ahora esos elogios se han convertido en vituperios, y naturalmente, es porque se enjuicia tu persona, y más concretamente tus creencias. Yo, en mi juventud, era mucho más traducido que ahora, y sin embargo yo sé que no soy ahora peor escritor que entonces.
 
Cuando llega la Feria del Libro, siempre se dice que en España se compran muchos libros, o se publican muchos libros, pero lo que no sabemos es si se leen muchos libros, ¿qué le parece, cree que se lee mucho en España?, ¿se leen los clásicos, por ejemplo?
 
Ese es el gran problema, claro…Yo no sé si se lee más o menos, me parece algo banal. Yo no participo de la concepción democrática de la cultura, creo que eso es una engañifa monstruosa. Lo de hacerle pensar a la gente que si lee es mejor que si no lee…, pues no, lo que te hace mejor son los libros que lees. Yo he conocido a gente analfabeta, o casi analfabeta, que tenía un conocimiento mucho mayor que otros que están todo el día leyendo. Esto, en sí mismo, no aporta nada. Lo que sí creo es que la propaganda ha conseguido que cada vez más gente lea. Pero, al mismo tiempo, la propaganda lo que incita a leer a la pobre gente es bazofia. Por tanto, cada vez tenemos más gente con la cabeza atestada de bazofia. Y esto realmente no aporta nada, todo lo contrario, lo que hace es contribuir a degenerar el tejido social. Yo veo a mucha gente que por esnobismo, por modernitis, lee muchos libros novedosos que se publican; en cambio, creo que la lectura de las grandes obras de la Humanidad es cada vez menor. Y luego hay cada vez más gente que lee mucho, pero que carece de criterios de lectura, porque no ha leído a los grandes maestros. Es decir, si no lees a Homero, a Cervantes o a Dostoievski, no tienes un criterio para juzgar. Porque los criterios siempre son jerárquicos, es decir, para tener criterio antes tienes que tener una jerarquía mental. Entonces, sólo puedes juzgar la obra de tal novelista aplaudido por los “amos del cotarro” si previamente has leído a los maestros y esa obra la puedes confrontar con la de los maestros. Hoy en día se aplauden obras absolutamente banales y prescindibles.
 
Cambiemos de tercio…Quisiera conocer su opinión sobre lo que está ocurriendo en la política española, si cree que el socialismo de Zapatero se va a extender indefinidamente en el tiempo, y si cree que el congreso del PP ha servido para algo.
 
Yo no sé si el socialismo de Zapatero se va a extender a lo largo de los siglos, sí sospecho que hemos entrado en una fase de la Historia en la que se va a extender durante bastante tiempo, (salvo que haya una catarsis social importante) una ideología que más o menos es la que hoy encarna Zapatero, pero que mañana puede encarnar un político de la derecha sin ningún problema. Creo que vivimos la “post-ideología”, se ha producido un derrumbamiento de las ideologías clásicas y un proceso de ósmosis curioso entre ellas. La izquierda fracasa en su modelo económico, del que se deriva un modelo social, y acepta el modelo económico de la derecha. A cambio, se tiene que distinguir, y propone un modelo moral que ya no es el de la izquierda clásica, que era muy dogmático, sino que es permisivo, en donde todo es válido, no hay barreras morales para la libertad humana. Y puedes hacer de todo: abortar, casarte con un señor si eres un señor…, lo que te da la gana. Y este modelo se ha impuesto, la derecha lo ha aceptado. La derecha ha renunciado a su modelo moral, y ha aceptado el de la izquierda. Realmente, estamos en un modelo ideológico que es una pantomima, en la cual ambas posturas –izquierda y derecha- están defendiendo el mismo modelo económico y el mismo modelo moral, con pequeñas peculiaridades…No nos engañemos: cuando venga la derecha, o esta derecha que hay hoy, toda la labor de ingeniería social que ha hecho el Gobierno actual, la va a mantener, no va a avanzar en esa huida hacia delante, pero la va a mantener. Esta es la situación en la que estamos, y para cambiarla se tiene que dar una renovación profunda en la sociedad, que no va a venir desde los partidos políticos, tal y como están configurados.
En cuanto al congreso del PP, creo que ha habido cosas positivas…Por ejemplo, se dice que Rajoy es el que le resulta más cómodo a los socialistas, pero la señora Esperanza Aguirre, que se erigió precisamente en la representante de una derecha que le resultaría enojosa a los socialistas, lo que hace es irse un día a ver a no sé qué asociación de transexuales y posar con ellos. Es decir, todo es delirante y desquiciado. La derecha está absolutamente desarbolada, porque no tiene una propuesta alternativa, y eso es igual en Rajoy que en Esperanza Aguirre. Mi confianza en la derecha actual es cero.
 
¿Usted cree que se va a mantener el actual modelo bipartidista, o puede haber opción para otras fuerzas políticas?
 
Creo que puede haber opciones. Para mí tendría que haber una opción que rompiera un poco con el actual bipartidismo, y que fuera una opción cristiana. Es decir, creo que del mismo modo que este bipartidismo lo ha roto Rosa Díez desde presupuestos ideológicos, y muy marcadamente laicistas, podría haber una alternativa que no fuera desde presupuestos ideológicos, sino religiosos, cristianos, pero que pudiera ser un partido laico, no clerical. Yo creo que esa alternativa sí puede surgir, y de hecho terminará surgiendo, no como una parte del PP, sino con gente nueva que se incorpore y que haga una propuesta alternativa que resulte ilusionante para un sector social, y pueda actuar de cuña en el sistema.
 
Y para terminar, sé que su última novela, “El séptimo velo”, está teniendo mucho éxito de ventas, quería saber si ya tiene pensado su próximo libro.
 
Ahora mismo estoy trabajando en una novela. Estoy también trabajando en una obra de teatro, es el único género que no he cultivado, tengo ganas de escribir una obra de teatro, estoy trabajando en ello…
 
¿Esto es primicia?
 
Sí, si es primicia, sí…
 
Gracias.
 
Es una obra de teatro que se titularía “Beltraneja” y que trataría sobre el conflicto que tuvo lugar entre Isabel la Católica y Juana La Beltraneja. Sería una reflexión sobre el poder, y sobre la política como destino. A mí me resulta un tema muy interesante, porque yo no creo que Isabel la Católica fuera una santa, creo que los que se empeñan en la canonización de Isabel la Católica se equivocan, pero es evidente que Isabel la Católica fue una mujer excepcional y, sobre todo, providencial para España. Frente a Juana la Beltraneja, a la que asistía el derecho dinástico, pero que hubiera sido calamitosa para España. Todos estos temas me gustaría tratarlos, hacer una reflexión sobre ellos…Y el autor no debe soltar grandes discursos, sino crear personajes que sean, cada uno, en sí mismo, un discurso. No soltar una catequesis al lector, o al espectador, sino conseguir que el espectador, a través de unos personajes, llegue a determinadas conclusiones. Es una labor difícil, porque el tema es muy complejo, pero me atrae mucho.
 
Le agradecemos mucho que nos haya recibido para hacer esta entrevista.
 
Ha sido un placer, gracias a ustedes.

 

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