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Diario YA

¿Y AHORA, HISPANEXIT?

Rafael Nieto, director de Sencillamente Radio. "Nada te turbe, nada te espante", dijo Santa Teresa de Jesús hace cinco siglos. No sabemos lo que diría hoy la Santa de Ávila si viera el panorama español y europeo. Mientras nosotros decidimos hoy en las urnas nuestro futuro inmediato, con perspectivas nada tranquilizadoras, el Reino Unido ya ha dicho lo que quiere ser: ha dado un portazo a la Unión Europea, o lo que es lo mismo, a un sistema neoliberal de interpretar la democracia que promete estabilidad y una cierta prosperidad a costa de la identidad, por no decir de la propia existencia, de las diferentes naciones que la componen.

Hoy es necesario recordar que los fundadores de la entonces Comunidad Económica Europea, Adenauer, Monnet, De Gasperi y Schumman, supieron dar al proyecto europeo la clave de su futuro: las raíces cristianas de la civilización occidental. Los cuatro líderes sabían que la UE no podía ser sólo la "Europa de los mercaderes", sino que era necesario reivindicar en lo filosófico, y también en políticas concretas, una identidad común que supiese respetar y conservar las distintas identidades nacionales. Sólo desde esa óptica era creíble y factible poner en marcha una empresa tan ambiciosa. Pero desgraciadamente, de aquellos propósitos iniciales ya no queda prácticamente nada. La UE ha degenerado en una Europa de mercaderes arbitrados por Alemania (el juez que parte y reparte, y siempre se queda la mejor parte), donde apenas Francia puede a veces ser tenida en cuenta. Inglaterra, nación que al contrario que otras como España, goza de un fuerte sentimiento patriótico entre la población, llevaba muchos años siendo parte de un club a disgusto; aceptando imposiciones que no compartía, cumpliendo reglas que le eran ajenas, sintiendo perder su identidad a cambio de muy poco o de nada.

Es la misma razón por la que hoy triunfan en otros países, incluido el nuestro, movimientos populistas que no sólo cuestionan el modelo liberal en cada nación, sino también el gran proyecto europeo. Hoy, Europa y el mundo se enfrentan a negros nubarrones, tan oscuros como los que se ciernen sobre nuestra amada España. El adiós del Reino Unido no es un asunto de ellos, como torpemente han dicho algunos, sino de todos; es un baño de realismo ante el gran sueño europeo, es la constatación de que están definitivamente cerradas las puertas del mundo que hemos conocido hasta ahora y se abre un horizonte de enorme incertidumbre en el que afloran amenazas globales y particulares como nunca antes habíamos conocido.

La seguridad común, la economía, la estabilidad de las instituciones públicas, todo aquello en lo que confiábamos para poder vivir medio tranquilos, son hoy entelequias pertenecientes a un pasado que ya no volverá. El auge de partidos antisistema y populistas en Europa, como el advenimiento en España de ciertos grupúsculos de indocumentados a las más altas instituciones, no es más que la evidencia del derrumbe de los cimientos del sistema. Las monarquías continentales, antaño símbolos de estabilidad para los pueblos, hoy provocan una mezcla de indiferencia y lástima, conscientes como somos de que probablemente ninguna de ellas sobreviva a medio plazo.

La sociedad de hoy ha apostado por lo banal y pequeño, por lo casposo y ridículo, por lo bajo y zafio, por la mugre y la improvisación, como respuesta a muchos años, quizá demasiados, de establecer reglas que casi nadie compartía bajo el criterio del capricho de unos pocos. Y ahora nos vemos ante este panorama de desorientación en el que nadie tiene respuestas. Veremos lo que sale hoy de las urnas en España, pero muchos de los que van a ir a votar, lo harán pensando que el "brexit", el portazo de Reino Unido al resto de Europa, es el anticipo de otros muchos portazos, dentro y fuera de las fronteras españolas. Dentro, porque puede ser el último referente de los separatistas vascos y catalanes a la hora de desbaratar la unidad nacional; y fuera, porque una vez abierto "el melón" por parte de los británicos, ¿quién nos dice que no se celebrarán otros referendos con idéntico propósito en otros países de la UE, incluido el nuestro? Posiblemente, estemos en un momento crítico de la Historia en el que se produzca un resurgir de las naciones a costa de la presunta estabilidad que prometían, casi siempre sin cumplirlo del todo, las ahora defenestradas instituciones supranacionales.

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