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Diario YA

Bastaba que dos militares, en activo o en la reserva, se reunieran para tomar café para que se despertaran todas las alarmas

Mucho más que un ruido de sables

Manuel Parra Celaya. Los que vivimos la Transición -entre expectantes por si cabía la ilusión y pronto desengañados- no hemos olvidado la inquietud que despertaba en los medios políticos y periodísticos el llamado ruido de sables. Bastaba que dos militares, en activo o en la reserva, se reunieran para tomar café para que se despertaran todas las alarmas democráticas y constitucionalistas.

una bandera separatista canaria ondeando sin tapujos en la sede del Cabildo de Lanzarote

Ante la bandera nacionalista en el cabildo de Lanzarote: Responsabilidad de generaciones

Manuel Parra Celaya. No he sido entusiasta nunca de las actitudes apocalípticas ni de las tesis conspiratorias; las primeras chocan frontalmente con mi idea de la libertad del hombre, opuesta a todo fatalismo o determinismo, y las segundas, por su simplismo reduccionista, no tienen en cuenta la complejidad del ser humano y de las sociedades que este ha ido creando. No obstante, mi “lado oscuro”, ese que no obedece a criterios de razón y nace de las profundidades del inconsciente, me viene martilleando de forma obsesiva con que acaso exista un plan preconcebido para que España no supere, como entidad histórica, los límites de esta generación.

Dijo en el Día Nacional y de la Hispanidad: genocidio, resistencia indígena, no hay nada que celebrar

Mi alcaldesa en tonta...

Manuel Parra Celaya. Los lectores de mi edad recordarán que, cuando en nuestras aulas infantiles se ausentaba el maestro, siempre había algún rebelde o coñón que se apoderaba de la tiza y escribía en la pizarra “Fulano es tonto”. Como aún no se había inventado el acoso escolar ni la mediación, si Fulano se consideraba agraviado, retaba al grafitista a la hora del recreo o a la salida e intercambiaba con él un par de bofetadas; y aquí paz y después gloria. Claro que algunas veces la ingenua pintada era cierta porque Fulano era, en verdad, tonto de capirote.

lepanto, 12 de octubre...

Siempre hay una fecha…

Manuel Parra Celaya. Que vivimos un instante histórico que no da cuartel nadie lo duda; abrimos el periódico o nos disponemos a ver un telediario siempre con el recelo de no saber si el mundo que conocimos ayer se parecerá en algo al que hoy empieza. Le llaman aceleración histórica, pero tengo para mí que, en su aspecto más negativo, no es más que una consecuencia de la aceleración sin sentido del hombre desnortado y vacío de nuestro tiempo.

un desfile más nutrido y numeroso que en años anteriores

A buenas horas, mangas verdes

Manuel Parra Celaya. Me la sugiere una noticia que acabo de leer sobre la aplicación que piensa llevar a la práctica el Gobierno en la celebración del Día Nacional de España el próximo domingo, 12 de octubre, que además es el Día de la Hispanidad y la festividad de la Virgen del Pilar, patrona de la mencionada Benemérita. Aparte de un desfile más nutrido y numeroso que en años anteriores (¿ya se ha terminado la crisis que lo dejaba reducido al puro simbolismo?), se han organizado exposiciones de diversos tipos, exhibiciones, apertura gratuita de museos y conciertos callejeros de bandas militares y de la Orquesta Nacional.

Ante la plaga de incendios

Manuel Parra Celaya. Ya no es apenas noticia que al llegar el verano se multipliquen los incendios en España. Esta vez se han distinguido, de momento, en el castigo la Sierra de Gata cacereña y la ya siempre asolada Galicia.  Tan acostumbrados están los medios de difusión que –me imagino- salvo la extensión de la zona en llamas y las incidencias concretas de cada caso, tienen unos latiguillos o lugares comunes que sirven a un público también acostumbrado a la cantinela: “controlado pero no extinguido”, “ se han desalojado por precaución…”, “se desconocen las causas, pero…” Y aquí se suele añadir “puede haber sido una colilla mal apagada” o el no menos habitual “se cree que pudo ser intencionado”.

Eso dice Red Butller –o sea, Clark Gable-

Me gustan las causas perdidas

Manuel Parra Celaya. Eso dice Red Butller –o sea, Clark Gable-, cruzando en su cinto un Remington confederado y propinando un beso de tornillo a Escarlette O´Hara –o sea, Vivian Leigt-, todo ello con el foindo impresionante de Atlanta en llamas. Pues bien, sin Colt ni heroína apasionada ni incendio, voy a defender una causa que considero de antemano perdida, pero que me invita una y otra vez a entrar en lid, no tanto por la trascendencia del objeto –que la tiene- sino por la estupidez de su contrario.
 

Un paso más, señor Rivera

Manuel Parra Celaya. En esta tarea –tan valiente como aborrecer la corrupción o defender la integridad de España y la igualdad de todos ante la ley- contamos con una larguísima y brillante herencia de pensadores españoles que apostaron por ella y, además, de distintas y –aparentemente- divergentes posturas ideológicas. Por ejemplo, y cito de memoria, los liberales krausistas, teóricos del organicismo social y político, desde Giner de los Ríos a Joaquín Costa; los tradicionalistas como Donoso Cortés y Ramiro de Maeztu; el republicano Salvador de Madariaga, propulsor de una democracia orgánica unánime, el socialista Fernando de los Ríos y el falangista José Antonio Primo de Rivera, partidario de las unidades naturales de convivencia, teoría cuya traslación a la práctica del franquismo fue una simple caricatura.

Pasada a la historia la objeción de conciencia

Objeciones de conciencia

Manuel Parra Celaya. Pasada a la historia la objeción de conciencia a defender a la patria común con armas –es decir, hacer la mili- por su supresión (o suspensión, dicen los expertos) bajo la hégira de Aznar, y de plena actualidad la objeción de conciencia fiscal, especialmente por su puesta en práctica por parte de ciertos políticos y otros personajillos,  se convierte ahora en noticia la objeción de conciencia a la vacunación de los niños, que al parecer está organizada y dignamente representada por sus correspondientes asociaciones.

¿Y ahora se escandalizan?

Manuel Parra Celaya. “…Caló el chapeo, requirió la espada/ miró al soslayo, fuese y no hubo nada”. Sin duda pueden aplicarse estos endecasílabos cervantinos a  quienes fingen escándalo por la pitada al Himno Nacional y al Rey –en calidad de actual Jefe del Estado- en la final del otro día.