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Diario YA


 

Todo es relativo, y apuntamos que de ahí nace la corrección política que agobia a las sociedades occidentales

ESPAÑA, ASERTO PREPOLÍTICO

Manuel Parra Celaya. Al igual que el patriotismo, al que me refiero en concreto en este artículo, muchos otros aspectos dependen de que se haya alcanzado el supuesto consenso para ser investidos como verdaderos y, por tanto, alejados del error en el que se han sumido las minorías díscolas; la ética, la moralidad, la antropología, la propia historia…dependen del consenso obtenido. Todo es relativo, y apuntamos que de ahí nace la corrección política que agobia a las sociedades occidentales. Pero cada día cunde más la sospecha de que el famoso consenso es prefabricado; se trata, ni más ni menos, de “un mito político al servicio de las oligarquías políticas y sociales que se presentan como representantes de la sociedad” (Alberto Buela).

Las exigencias mínimas para considerar un régimen como democrático son el predominio de la ley

¿UTOPÍA O PREMONICIÓN?

Manuel Parra celaya.  En mi último artículo -escrito a vuelapluma en mi retiro salmantino- me hacía eco de un reciente libro, del que iniciaba la lectura, del Catedrático de Derecho Procesal D. José de los Santos Martín Ostos, titulado “La participación del pueblo en el poder (alternativa al sistema de partidos políticos”) (Ed. Astigi. Sevilla 2023), que he terminado con aprovechamiento en estos días veraniegos. Creo que merece algo más que aquella cita o una referencia bibliográfica, pues su contenido no tiene desperdicio para cualquier español (y europeo, en general) que se pueda clasificar como pensante; por su contenido y estructura, está escrito pensando en un público universitario,

ACUDAMOS A LO ETERNO

Es posible esa profunda transformación de la sociedad, pero deberá basarse en verdades pre-politicas

Manuel Parra Celaya. Lo que pone Calderón en boca de Segismundo… Por lo tanto, no voy a dedicar este artículo a un análisis más del resultado de los comicios del pasado domingo, pues doctores tiene la Iglesia, entre los que, por supuesto, no me encuentro; victorias pírricas y posibles nuevos pactos contra natura pertenecen al campo de la política, y un servidor prefiere aventurarse en el de la metapolítica, que es algo distinto. Solo diré que las referencias históricas son inevitables: en cuanto a la derecha, aquel triunfalismo de la CEDA en febrero del 36: “¡A por los trescientos!”, y con respecto a la izquierda, aquello de Churchill en cuanto a “…aliarse con el diablo”.

ATRÁS QUEDAN LOS VALLES…

Manuel Parra Celaya. El título que encabeza estas líneas corresponde a unos versos de una conocida canción montañera, pues, en víspera de vacaciones, uno prefiere eludir los comentarios estrictos sobre política (sin olvidarme del próximo compromiso con la urna) y, por supuesto, sobre los cotilleos de la prensa del corazón, tan machacona últimamente sobre cierto desposorio que me es del todo indiferente. Así pues, prefiero soñar con montañas, en mi caso concreto, con las Sierras de Gredos y de Béjar; espero que este sueño pueda convertirse en realidad en las próximas semanas, dentro de mis algo mermadas posibilidades… Cuando se ha adquirido ese gusanillo en etapas previas de la vida, es difícil desprenderse de él; mi amigo César Pérez de Tudela lo achaca a unos geniecillos que están ocultos entre bosques y rocas, y que te han encantado con sus tonadas apenas perceptibles para otros.

¿EL HUMOR EN LA POLÍTICA?

Manuel Parra Celaya. Indudablemente, la situación de España no es para tirar cohetes, sobre todo por la triste realidad de que algunos españoles se niegan a serlo pero pugnan para que se cuente con ellos de forma definitoria para legislar en contra de la integridad de la nación, gobierne quien gobierne. Esa es la cruda realidad, ante la que no cabe la estrategia del avestruz, y es un reto para varias generaciones sucesivas a la nuestra revertir el panorama de la presencia del negacionismo separatista.

Fernando Savater deslizó cierta equiparación con una España alegre y faldicorta

LA ELEGANCIA DE UNA MINIFALDA

MANUEL PARRA CELAYA. Hace unos días tuve la oportunidad de asistir a una conferencia del filósofo Fernando Savater; por supuesto, seguí con atención sus palabras y, en términos generales y como no podía ser menos, estuve de acuerdo con la mayoría de sus planteamientos. No obstante, en determinado momento, hizo alusión a la vulgaridad y ordinariez presente en la política actual, con énfasis en la falta de corrección en la vestimenta que suele caracterizar a personajes y personajillos de la extrema izquierda, y deslizó cierta equiparación con una España alegre y faldicorta, de inequívoco origen en José Antonio Primo de Rivera.

nuestros vecinos franceses ya no repiten aquel consabido y odioso eslogan de otros tiempos: Europa termina en los Pirineos

¿DÓNDE ACABA EUROPA?

Manuel Parra Celaya. Me imagino que nuestros vecinos franceses ya no repiten aquel consabido y odioso eslogan de otros tiempos: Europa termina en los Pirineos, tras las repetidas y sucesivas experiencias, en carne propia, de las asonadas de sus banlieue, la última de hace muy pocos días. De hecho, no están en disposición de repetirlo ni ellos ni el resto de naciones europeas, expuestas a diario a soportar similares, si no idénticas por el momento, agitaciones (cuando no atentados) en sus respectivos territorios; por supuesto, nosotros tampoco, a fuer de masoquistas históricos y estúpidos creyentes en las leyendas negras.

 

CONFUSIONISMO CROMÁTICO: España se había pasado del azul-prusia al azul-purísima

Manuel Parra Celaya. La evidente debacle de los partidos del Gobierno en las pasadas elecciones municipales y la presunta victoria de la oposición en las futuras nacionales del 23-J vuelven a expresarse, de forma visual y gráfica, en muchos periódicos y cadenas televisivas con colores concretos para indicar al lector o al espectador las circunscripciones donde prevalecen -de forma real o deseable- uno y otro adversario. Si descontamos aquel anaranjado (casi totalmente desvaído en este momento) de Ciudadanos y el morado o lila de los podemitas, se acostumbra a sintetizar el triunfo o fracaso de los representantes del bipartidismo oficial con el rojo y el azul; evidentemente, el primero para representar al PSOE (a pesar de aquello de Surennes) y el segundo para hacer evidente al PP.; no recuerdo dónde oí o leí que un periodista, en el colmo de éxtasis pepero aludía a una “marea azul”.

no puedo menos que evocar aquella celebración del Corpus de antaño, todavía en jueves

QUE RELUCE MÁS QUE EL SOL

Manuel Parra Celaya. Estoy escribiendo estas líneas en domingo, cuando, para los católicos, se celebra la festividad del Corpus Christi, trasladado hace años de su día primitivo, el jueves posterior a la Trinidad; el calendario civil y el religioso entraron en colisión y, como es lógico en una sociedad secularizada -y lamentable en un ambiente político laicista como el que vivimos- ganó el primero y se subordinó el segundo. Quedó como simple recuerdo el dicho popular de los tres jueves del año que relucen más que el sol. Con permiso del respetable y de la autoridad eclesiástica competente, dado que uno ya está más que entrado en la década de los setenta y posee buena memoria, no puedo menos que evocar aquella celebración del Corpus de antaño, todavía en jueves.

Ellos son, para Sánchez, el mal sin paliativos, eso que en su repetido y cansino juego de palabras es “la extrema derecha y la derecha extrema”

ENTRE ELECCIONES y “Entre visillos”

Manuel Parra Celaya. Va a ser inevitable que el avezado lector encuentre un fácil paralelismo entre el título que encabeza estas líneas y el de la famosa novela de Carmen Martín Gaite “Entre visillos”, y no le va a faltar razón; la misma sensación de vulgaridad y de aburrimiento que se respira en el ánimo de las protagonistas de la obra está tiñendo ahora lo que, en otros momentos, era calificada por los más entusiastas como la gran fiesta de la democracia. Si la convocatoria del pasado 28 de mayo se presentaba a todas luces como una preparación o anticipo de las generales, señaladas en origen para finales de año, ahora la cita adelantada, de forma apresurada pero no menos calculada por el autócrata de La Moncloa, la convierte en un verdadero plebiscito, bajo el lema casi apocalíptico de ellos o nosotros.