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Diario YA


 

¿QUÉ ESCUELA SALDRÁ DE ESTA CRISIS?

MANUEL PARRA CELAYA   No sé por qué extraña asociación de ideas me ha venido el recuerdo de lejanos días, en la década de los 50 del pasado siglo, cuando las clases se interrumpían para que los niños de entonces bebiéramos un vaso de leche y un comiéramos un trozo de queso amarillento, obsequio del amigo americano, a modo de Plan Marshall de consolación. Aquella leche en polvo se hervía en las vetustas cocinas de la escuela y se repartía por las aulas, para lo cual se nos entregaba un vaso de duro plástico -y peor olor- que luego había que lavar a conciencia. Toda esta operación implicaba una distribución rotativa de tareas, bajo supervisión del maestro, unos servicios organizados y designados por uno de nosotros, a modo de furrielato escolar.

HILANDO FINO: las palabras de un idioma pueden cambiar de sentido con el transcurso del tiempo

Manuel Parra Celaya.  Es sabido que las palabras de un idioma pueden cambiar de sentido con el transcurso del tiempo; un término puede dejar de representar un concepto y adquirir una significación distinta, cuando no opuesta, a la original. En ocasiones, esto origina que una palabra llegue a ser polivalente, según las ideas previas, el contexto o la intención de quien la emplea.

NANAS AGITADORAS: la táctica es la misma: el viejo lema de acción-represión-victimismo-acción

Manuel Parra Celaya. ¡Vaya oxímoron el que precede a estas líneas! Porque las nanas, los dulces cantos de las madres se entonan para sosegar, adormecer, a los pequeños, no para agitarlos y desvelarlos. No obstante, en los hechos a los que me refiero, los cantos -llamémosles estrategias- parecen tener una intención inquietante, y se musitan al compás de movimientos acaso no perceptibles de las cunas. ¿Hay manos que mecen las cunas? He acudido al plural pues me cuesta creer que los estadillos de violencia y agitación como a los que asistimos en nuestro mundo obedezcan a un impulso único, a las órdenes de un extraño poder que marca cuándo deben arder las calles de Hong Kong, de París, de Barcelona, de Quito o de La Paz.

SINGULARIDADES Y EXCLUSIONES

Manuel Parra Celaya. Líbreme, Dios de motejar de rarezas a determinadas posturas, porque, quien más, quien menos,  todos observamos fielmente entre nuestras costumbres, prácticas o preferencias algunos aspectos que chocarían al común de las gentes. Así, uno respeta en su fuero interno aquellas prácticas o pensamientos ajenos por muy extrañas que le parezcan, siempre y cuando no perjudiquen a valores o bienes superiores, y se cuida mucho de menospreciar la dignidad personal de sus usuarios.  Cuando considera alguna de estas singularidades de tono más estrafalario, se limita a dar gracias por no haberse dejado atraer por ellas y se consuela con el viejo dicho de hay quien le da por chupar candados…

Omnium Cultural como la Assemblea Nacional de Catalunya andan a la caza y captura de nuevos socios

Manuel Parra Celaya. Tanto Omnium Cultural como la Assemblea Nacional de Catalunya andan a la caza y captura de nuevos socios; así lo atestiguan los grandes carteles que pueden verse en diversos lugares de Barcelona, como estaciones de metro o paneles de anuncios. Se ve que, a base de cuestaciones públicas o de iniciativas peculiares (como esos sopars grogues -cenas amarillas- en las que todos los platos eran de ese color), no se obtenían los suficientes dineros para mantener el tren de vida de los llamados exiliados allende los Pirineos.

HACIA UN NUEVO FEUDALISMO

Manuel Parra Celaya. Las voces más agoreras afirman que, con esta Segunda Transición que ha comenzado y nadie sabe cómo ha sido, vamos directos a una III República, nada que ver, por supuesto, con aquella que preconizaba Salvador de Madariaga en su Anarquía o Jerarquía, sino como continuación, pura y simple, de la que nació el febrero de 1936, verdadero golpe de Estado contra la de abril del 31. No estoy tan seguro de esta deriva republicana de inmediato, por más que fuera el sonsonete en los mítines del PSOE en la Primera Transición (España mañana será republicana, ¿recuerdan?) y por más que esté en el ADN de las chicas (y chicos) podemitas. Hacia donde caminamos, de manera indefectible, es hacia un neofeudalismo, dotado de los ingredientes más aborrecibles de aquel que comenzaron a hacer polvo los Reyes Católicos. Me explicaré.

APUESTA POR UNA NUEVA LIRA

Manuel Parra Celaya.  Aparentemente, es ensordecedor el alboroto que forman los silbidos de llamada a la disgregación que lanzan a diario los genios que se esconden bajo los hongos de cada aldea. Así, da la impresión postiza de que muy pocos españoles son conscientes de serlo, y que solo una exigua minoría es capaz de pensar en España como en un todo indivisible, producto del esfuerzo de muchas generaciones que nos han precedido.

NUEVA PSICOLOGÍA DE LAS EDADES

De papás-colegas, mamás superprotectoras y maestros amedrentados

MANUEL PARRA CELAYA. Decía Gregorio Marañón que el deber de los niños es la obediencia; el de la juventud, la rebeldía; el de la madurez, la austeridad, y el de a vejez, la adaptación. A estas alturas de la película, creo que la frase ha quedado desfasada, pues, si bien la tradicional Psicología de las Edades corroboraba el aserto de D. Gregorio, la imbricación de esta con la Sociología, que forma ese ensamblado sin límites concretos de la Psicosociología actual, lo ha dejado para los restos.

HUMANITARISMO Y POLÍTICA

Manuel Parra Celaya. Afirmamos, en primer lugar y con rotundidad, que el primero se ha convertido en una hipócrita coartada para los intereses derivados de la segunda; por lo menos, para la línea política que se deriva de los planteamientos ideológicos de la Open Society popperiana (curiosamente coincidente en el primer término anglosajón con la denominación de la ONG española Open Army) y de sus proyectos encaminados a la creación de ese Nuevo Orden Mundial, meta del capitalismo globalizado con la inestimable colaboración de la nueva izquierda.

MEDITACIONES DESDE LOMBARDÍA

Manuel Parra Celaya. Imagínese, lector, una gran metrópoli que recibe en un fin de semana 500. 000 visitantes, a los que se suman los residentes del lugar que quieren incorporarse al acontecimiento. Todos ellos con el común denominador de vivir unos días presididos por el patriotismo, la camaradería por encima de generaciones, estatus sociales y opiniones políticas; con identificación ferviente hacia el Ejército, allí presente.